Mamá eligió al maltratador

Marisol Ayala

Columna semanal de La Provincia.

Lo contó una noche de copas y no le creímos. O mejor, no calibramos el alcance de aquella confesión, atropellada, confusa y llorosa. Como ocurre en esos ambientes lo que quieres es evadirte así que no le pusimos atención. Lo abrazamos sin convicción y seguimos la juerga. Algunos sabíamos que la relación con su padre era mala; fue un adolescente rebelde al que nada se le ponía por delante para animar la tarde, la noche.

Un día aprovechó que su progenitor había aparcado el coche en la puerta, esperó que echara la siesta y con sigilo le quitó las llaves. No sabía conducir pero él decía lo contrario, que había conducido alguna vez, pero con su padre vigilando. Ese día se atrevió, lo puso en marcha y a trompicones llegamos a San Mateo. Éramos una pandilla media loca. Llegamos y allí, en un descampado, fumamos y bebimos.  José María, el más sensato, lo presionó para volver a casa: “Tu viejo se despierta y te mata. Vamos, vamos”. La mala suerte quiso que el hueco en el que el padre había dejado el coche estuviera ocupado. Primer problema. Aguardamos a ver si quedaba libre, pero él no se lo pensó y culminó la gamberrada aparcándolo donde pudo y nos fuimos. Como sospechamos el padre descubrió su hazaña y le dio una paliza. Nos mostró las huellas del cinto en sus muslos, en sus brazos. Era un hombre violento y se cebó. Ese fue el principio de una relación endemoniada. “Me vuelve a poner la mano encima y lo mato”, amenazó. Bravuconadas, pensamos. Con el tiempo supo que esa violencia papá también la ejercía en casa. La víctima era su mujer a la que maltrataba si la comida estaba fría o caliente o tibia. Fue la primera vez que nosotros, muy jóvenes, vivíamos el maltrato familiar de cerca. El amigo decidió convertirse en el protector de su madre. Cada vez que escuchaba su llegada se ponía en guardia. El padre era un farmacéutico que terminaba la jornada laboral tomando copas; las primeras en la farmacia, el resto camino de casa. El sábado que escuchó gritos de su madre lo cogió por el cuello y casi lo asfixia. “Pégame a mí, cabrón”. La segunda lo denunció. Lo detuvieron pero a los tres días estaba en casa, mimado y triunfador. Su madre lo echó de casa y él se marchó. Hoy vive en Tetuán.

No la vio jamás. “Soy huérfano”, dice alguna vez.

Aparece en Camaretas el joven de Almatriche Gustavo González con síntomas de hipotermia

Marisol Ayala

El hombre atravesaba un bache emocional y está recibiendo ayuda psicológica. “Solo quiere dormir”, dicen sus amigos.

A las 09.15 de hoy ha sido localizado en Camaretas (San Mateo) Gustavo González, 41, el hombre que desde el viernes estaba en paradero desconocido. Su estado físico es bueno si bien se encuentra desorientado, tiene síntomas de hipotermia, hambre y muy agotado. “Solo quiere dormir”, cuentan sus amigos. Un cuñado de Gustavo fue el que lo encontró hoy; el chico se adelantó a un grupo de familiares y amigos que habían organizado una batida por la zona la mañana de hoy ya que algunas personas habían visto pasar a Gustavo por puntos concretos. La batida tenía prevista partir a las 9.30 pero Patxi decidió adelantarse en solitario y halló a su cuñado en la carretera.

Gustavo González

Los médicos del Hospital de Gran Canaria Doctor Negrín, donde está en observación, han informado a la familia que el mejor tratamiento para Gustavo, una vez que su estado físico no presenta gravedad alguna, es descansar, aislarlo y recibir tratamiento psicológico.

Como ya es sabido Gustavo salió el viernes de su casa en Las Palmas de Gran Canaria, Almatriche, y aún no se sabe si llegó a San Mateo caminando o lo hizo en transporte púbico o con algún amigo. Se sabe que anoche se cobijó en un baño para minusválido en la zona de San Mateo sin ropa de abrigo. Recuerdan sus amigos que la temperatura nocturna en esa zona alcanza los 4 o 5 grados. A pesar de su dificultad para caminar –secuelas de un accidente- se sabe que Gustavo llegó a Camaretas solo, ayudado de una vara. El hombre es padre de dos hijas, estaba atravesando situación anímicamente baja que algunos vinculan con el accidente que sufrió hace un par de años que le dejó secuelas físicas en las dos piernas y además atravesaba una crisis de emocional.

Dos amigos de Gustavo, que desde el primer día han movido cielo y tierra para hallarle decían hoy que estaban y están muy preocupados por su amigo. “Somos amigos desde niños y jamás había hecho eso de desaparecer sin decirle nada a nadie. De hecho ayer mismo, desesperados, rastreamos el puente del Guiniguada temiéndonos lo peor. Nosotros vamos a estar a su lado para lo que haga falta porque ahora lo que necesita él, su mujer, y sus dos hijas es apoyo. Ordenar su cabeza y creerse de una vez que es un tío cojonudo, joder”.

Los familiares y amigos quieren agradecer la ayuda ciudadana que han recibido de todas las islas en momentos tan difíciles. “Se han volcado y eso no lo olvidaremos nunca”. Dice uno de sus amigos.

Juan Luis Regalado, 45 años dedicado a la investigación policial

Marisol Ayala

Investigó casos como el secuestro y asesinato de Eufemiano Fuentes, el Caso Kárate y otros tantos. Conoció como pocos la zona negra de la Las Palmas de GC. Lo entrevistamos en la Ser.

A veces haces una entrevista y al finalizar tienes la certeza de haber entrevistado a un gran tipo. Hablo de Juan Luis Regalado, Comisario de la Brigada de Información de la Jefatura Superior de Policía de LPGC. Un lujo hablar con Regalado que ha investigado casos como el de Ángel Cabrera Batista, “El Rubio”, Eufemiano Fuentes o el Caso Kárate, entre otros. Se jubiló hace unos meses pero sigue mirando la vida con ojos de investigador policial. La historia de Canarias pasa por su largo recorrido profesional. Un libro suyo contando experiencias sería un bombazo. Se lo está pensando.

45 años trabajando en la Policía nacional, son años. Juan Luis Regalado deja el Cuerpo Superior de Policía de Canarias después de una vida profesional en la que “he sido feliz y del que me cuesta irme, pero así es la vida. Me quedaría un par de años más, pero bueno, las leyes mandan”. En octubre su jubiló y está adaptándose a un tiempo libre en el que no descarta escribir un libro con sus experiencias “pero de momento, a disfrutar de la familia y de los amigos”.

El comisario Juan Luís Regalado con su esposa Nieves González

El miércoles lo entrevistamos en la Ser, en nuestra crónica en Blanco y Negro, (que pueden escuchar al final de esta crónica) y habló de sus casos más interesantes, de lo que le impactó el Caso Kárate en cuya investigación estuvo inmerso y el de Ángel Cabera Batista, “El Rubio” que finalmente fue acusado de secuestrar y acabar con la vida del industrial tabaquero Eufemiano Fuentes. Los rastreos en busca de El Rubio, en 1976, en la zona de Arucas donde decían que sus vecinos le escondían así como su cercanía con el caso, desde el punto de vista de la investigación, le autorizan para decir que Cabrera como delincuente tuvo halo de leyenda que es irreal. “Era un delincuente y nada más, tal vez los periodistas, la prensa, vamos, que lo convirtió en leyenda porque su imagen, rubio, guapito y tal, ayudó crearla. Pero no era más que un delincuente”. Sabe que las hermanas de Ángel Cabrera tienen en proyecto escribir un libro sobre el caso y frente a eso Regalado dice ”lo compraré y lo leeré con atención. Siempre quise saber lo que había detrás del personaje, de sus delitos. Solo desde luego, imposible. No se puede estar huido tanto tiempo sin ayuda de nadie”. Respecto al Caso Kárate su rechazo a cualquier daño que se le haga a un menor le convierte en la investigación más repugnante en la que ha trabajado.