Historia del acogimiento de un niño

Un niño.

Un niño.

Ana.

Mi nombre es Ana y soy madre de acogida de un niño de 4 años. Estoy casada y tenemos una hija adoptada que actualmente tiene 10 años. En esta carta les cuento mi primera y única experiencia como madre de acogida.

Conocí el programa de acogimiento familiar hace muchos años, en el 2003, cuando la Dirección General del Menor y Radio ECCA elaboraron un curso sobre el programa, con el fin de darlo a conocer a la población canaria y, a la vez, motivar a las familias para participar en el mismo. Me interesó mucho el programa y compartí con mi marido la idea de colaborar, pero no era nuestro momento, eso tendría que ser después de cumplir nuestro deseo de ser padres, estábamos en espera de adopción.

En el 2010 iniciamos el camino para ser familia de acogida. Nos formamos con Cruz Roja. Nos insistieron mucho en el curso de que el objetivo del acogimiento no es que los niños y niñas se queden con las familias acogentes sino que retornen, si es posible, a su familia de origen o, si no es posible, a una familia de adopción. Nos quedó claro y continuamos con el proceso. Nos conceden, en marzo de 2011, la idoneidad para un acogimiento permanente (el tiempo de permanencia del niño en tu casa sería de dos años como mínimo) de una niña de edad similar a la de nuestra hija, que en esos momentos tiene 4 años. Era lo que habíamos solicitado.

En el 2012 (había pasado casi año y medio de la fecha de idoneidad), llamamos para saber cuál era la razón de la tardanza: ¡nuestro expediente se había traspapelado!… Una vez ‘encontrados los papeles’, nos proponen el acogimiento simple (el tiempo de permanencia del niño en tu casa sería de dos años como máximo) de una niña de 5 años. Este acogimiento no llegó a producirse.

En 2014, el miércoles 30 de julio, nos proponen un acogimiento urgente (previsiblemente durará 6 meses y como máximo un año, nos dicen) de un niño de 2 años. Aceptamos.

Ya nos enfrentamos a la primera incongruencia del programa: nuestra idoneidad era para un acogimiento permanente y en ninguno de los dos casos se nos propone ese tipo de acogimiento. Por tanto, la idoneidad obtenida no condiciona las propuestas que se realizan, ¿por qué, entonces, son tan rigurosos en el momento de la idoneidad para que optemos por una opción si luego nos van a ofrecer lo que ellos necesiten?

Mi experiencia como madre de acogida la visualizo en cuatro etapas:

Al principio fue difícil. Nos conocimos el 1 de agosto de 2014 a las 6 de la tarde y, ¡hora y media más tarde!, ya estaba en casa. Fue un cambio brutal para el que ni él, ni nosotros, estábamos preparados. El camino en coche hacia casa estuvo lleno de llanto angustioso del niño, llanto silencioso de nuestra hija y silencios tensos nuestros. Por muchas charlas o cursos que te den o por muy convencida que estés, de repente tienes un niño que no conoces ni te conoce, que ha pasado por circunstancias en su vida que desconoces y que no puede explicar. Tu vida relativamente controlada deja de estarlo. Por la noche no duerme, tiene pesadillas, llora dormido… Te hundes de pena… No ves la luz… ¿¡Dónde me he metido!?

Poco a poco las cosas cambian. El niño se va calmando y va confiando en ti. Tú vas entendiendo qué le pasa y vas aprendiendo qué funciona con él y qué no. Ya duerme más tranquilo y sobre todo está contento, se muestra muy cariñoso y es muy expresivo con sus sentimientos. Y tomas conciencia de que ya es tu hijo, aunque sea por un tiempo, y que todas esas dificultades que vas encontrando forman parte de la maternidad: ¡somos una familia de cuatro personas! Sientes que él te necesita muchísimo y que tú no puedes ni quieres fallarle. A veces lo haces mejor y otras peor. Tú y toda la familia se entregan a él por completo sin pensar que un día la situación cambiará porque él se lo merece y porque es tu elección. Él también te da muchísimo, te compensa afectivamente de una manera increíble. Vives el día a día. Va al cole, al logopeda, al parque, a la playa, a casa de los abuelos, de los primos… Para nuestra hija es su hermano. Ratos estupendos y ratos peleando, como todos los niños y como todos los hermanos.

Y llegó el día: en breve se marcha. Sabía perfectamente que era una situación temporal, que se iría con su familia. El objetivo, y nuestro compromiso, como familia de acogida, es que mientras la familia no pueda o no sepa cuidar de sus niños, cuidarlos nosotros, mimarlos, quererlos como propios, ponerles límites, ayudarlos cuando se caen…, vamos, lo que hacen todos los padres y las madres responsables. En su caso se va con una familia de adopción. Me dio un vuelco el corazón. Y empieza un calvario de sentimientos, de dudas, de temores, de miedos. ¿Qué será de él? ¿Cómo será su nueva familia? ¿Cómo se adaptará? ¿Podremos evitar que se sienta abandonado, de nuevo? ¿Cómo nos afectará a nosotros? ¿Y nuestra hija? ¿Pierde un hermano? ¿Nos dejarán mantener el contacto o dejaremos de verlo para siempre? porque en nuestros corazones siempre estará… Tú vas intentando mantener el tipo y lo empiezas a preparar a él, tiene casi 4 años… va a venir tu madre a buscarte, ¡qué guay!… Él te mira como si la cosa no fuera con él… no entras tampoco en mucho detalle porque no tienes datos, no sabes cuándo, no sabes cómo, no sabes con quién… Lo que sí tienes claro es que harás todo lo que esté en tu mano para que no hagan lo mismo que le hicieron cuando llegó a tu casa: pasarlo de unas manos a otras como un paquete.

Y lo peor de esta experiencia te da en la cara: la Administración va a su ‘ritmo de palacio’ y pasan ¡¡¡¡diez meses!!!! desde el aviso de su partida y sigue aquí… ¿Por qué? porque no hay personal para realizar todo el trabajo… porque hay muchos casos… porque hay cambios organizativos en el programa… porque hay que revisar todos lo papeles con lupa, no puede haber errores…, me dicen. Y yo digo: porque no conocen al niño. Las personas que manejan los papeles no lo han visto nunca, ni en foto…, porque se trata el tema como una cuestión administrativa y no humana.
¡Qué bien! Mientras más tarde mejor, dice nuestra hija, y él, ajeno a la situación, feliz, tranquilo, plenamente adaptado, ilusionado con lo que ahora toca: ¡las vacaciones de verano!…, pero ¿cuándo va llegar su estabilidad? Pues cuando la Administración asuma que los papeles que manejan a ‘su’ ritmo tratan de la vida de una persona, que un niño de 4 años sigue esperando por su familia definitiva, que una familia sigue esperando por encontrarse, por fin, con su hijo y ese tiempo dura lo que dura porque ‘las cosas de palacio van despacio’.

Y tú te recompones y vuelves a la segunda etapa: a vivir el día a día, sin pensar en que se va a marchar en breve… Y en eso estoy, estamos, ahora; aprendiendo a vivir en la incertidumbre y disfrutando de un agotador y maravilloso niño de 4 años, que llegó para un ‘ratito’ y ya van dos años.

Con todo, no tengo ninguna duda de que la experiencia ha valido, vale y valdrá la pena y de que mi familia es mejor desde que él entró en nuestras vidas porque los niños y las niñas son lo mejor de este programa.

Para terminar, basándome en mi experiencia, que me consta que no es la única en la que la Administración Pública no ha estado a la altura, me gustaría compartir una reflexión: no podemos obligar a las familias biológicas a asumir maternidades y paternidades responsables, aunque quisiéramos; pero sí podemos y debemos exigir a la Administración Pública, que asuma la tutela de estos menores de manera responsable y resuelva su situación en tiempo y forma: nuestros niños y niñas lo merecen, tienen derecho. Para un niño el tiempo es vital, no se pueden eternizar los tiempos en las familias de acogida aunque el niño esté feliz. En nuestro caso concreto, ¿no creen que hubiese sido mejor tener una familia ‘definitiva’ con tres años en lugar de con casi 5?…, ¿no hubiese sido mejor su ‘despedida’ si hubiese estado un año en lugar de dos? Esto tiene que ver con los tiempos y ¿las formas?, ¿no se hubiese adaptado mejor (estuvo 60 noches seguidas, 2 meses, con terrores nocturnos y pesadillas) si hubiese llegado a nuestra familia de otra manera?, ¿si no se le hubiese desligado completamente de su vida anterior conocida?… Argumentos que nos dan: Era necesario… ¿Por qué? No sabemos… Los niños se adaptan, ellos se olvidan o no se acuerdan. ¡Qué disparate! Estas son las formas que nosotros hemos conocido. Se supone que el programa de acogimiento familiar surge para resolver un problema y no para generar otro, a lo peor, más grande.

Exijo, por mi niño y por todos los demás, a la Administración Pública, a los y las profesionales que trabajan en este programa, que resuelvan la situación de cada niño y cada niña en tiempo y forma, sin excusas, se lo deben. Y si no saben o no pueden, la Administración es muy grande y se puede cambiar de área/departamento; no pasa nada, todas las personas no estamos preparadas ni somos idóneas para trabajar en todos los ámbitos, pero los niños no deben sufrir nuestra ineficiencia.

No quiero terminar sin hacer mención al papel de las familias de acogida en el programa. Con todo lo que les he contado, ¿cómo creen que nos sentimos?… ¿Entenderían ahora a las familias, que una vez eternizado el tiempo de los niños en su casa, ‘luchan’ para que no se vayan?
Estoy segura de que el programa sería una medida eficaz y eficiente para los niños y las niñas en situación de riesgo, desamparo o desprotección social tutelados por la Administración Pública si, entre otras cuestiones que no son el tema de esta misiva pero que he dejado entrever, escucharan de verdad lo que decimos las familias de acogida; conocemos mejor que nadie a los niños y a las niñas con los que convivimos, y somos las principales, y en muchos casos las únicas, garantes de estabilidad y felicidad. Otro gallo nos cantaría si la Administración nos reconociera como aliadas y no, como adversarias, porque ¿no tenemos en común lo más importante: el interés superior del menor?

Gran Canaria. Julio 2016

Supervivientes de cáncer y enfermar en Fuerteventura

Marisol Ayala

Creo que ayer celebraron una fecha que conmemora la lucha contra el cáncer y el éxito de vencerle. Muy bien. Soy la primera que me alegro y lo celebro aunque esté muy muy enfadada con una enfermedad que se ha llevado a seres insustituibles en mi vida y en la de la familia. Pero no quiero desaprovechar la ocasión de recordar el cáncer para hacerlo a su vez a los enfermos canarios de Fuerteventura a los que el gobierno autónomo, con la Consejería de Sanidad como brazo ejecutor, les ha negado el tratamiento oncológico insustituible para combatirle. Estos tipos le han quitado a esos canarios la ÚNICA oncóloga que tenía la isla de manera que, ahora los pacientes para someterse a la quimioterapia tienen que venirse a Las Palmas. Dos veces a la semana en algún caso. Para matarlos, vamos. A ellos y a los enfermos. Todos sabemos los efectos que una sesión de quimio produce en los enfermos. Imaginen como se quedan después de dos sesiones. 

En suma, que Sanidad está potenciando aquello tan progresista de “morir en casa” y ahora a costo cero. Por abandono de la administración. En definitiva, enfermos oncológicos cofinados en Fuerteventura como lo fue en su día Unamuno razones otras razones.
No se dejen atropellar que hoy son ellos y mañana seremos nosotros. Compartan el enlace para que no se nos olvide.

El perro en la cama con su dueñp enfermo de cáncer. Maravillosa foto

El perro en la cama con su dueño enfermo de cáncer. Maravillosa foto

Buen viernes. Un abrazo.

Tite Fernández, músico: “La guitarra ha sido la despensa de casa”

Marisol Ayala

Marisol Ayala

Perfiles. Tite Fernández

Cuando tenía 26 años huyendo de la dictadura uruguaya se vino a Canarias, aquí comenzó a tocar en pubs que marcaron las mejores noches de la ciudad. De eso hace 40 años.

“Tocar en la calle está siendo una experiencia maravillosa. Otro público igual de agradecido”

Cuando Arístides “Tite” Fernández (Montevideo, 1950) llegó a Tenerife en 1976 lo hizo con Lucho Arzarello, “más que un amigo, un hermano”. Escapaban de un país que vivía una convulsión política liderada a la fuerza por el dictador Juan María Bordaberry. El 27 de junio de 1973 se produjo un golpe de Estado en el país y esa misma noche dio comienzo doce años de dictadura; en las cárceles uruguayas murieron un centenar de presos políticos y 200 personas desaparecieron. Como entenderán en ese ambiente caótico, con un país sin futuro, es cuando Tite y Lucho tomaron conciencia de que no vivían en el territorio más atractivo del mundo para hacer de lo que sabían, la música. Los chicos reunieron cuatro perras pensando en largarse, pero entonces se cruzó en el camino un joven poeta canario, Juan Jiménez Santana, que desde El Carrizal había viajado varias veces a Uruguay. Allí tuvo la oportunidad de conocer a Tite y a Lucho y de escuchar la música que ellos interpretaban. “Por aquellas fechas no había que explicar mucho las causas por las que queríamos irnos, claro”, cuenta Tite.

Si dice que cuando Jiménez le habló de viajar a las Islas Canarias él no sabía ni dónde estaban, hay que creerle: “Primero llegamos a Tenerife y el poco tiempo empezamos a tocar en un pub que se llamaba La Tapera, en la plaza del Cristo. Allí conocí a personajes del mundo de la música, especialmente a Manuel Luis Medina, El minuto, gran músico, mejor persona, que nos ayudó mucho en los inicios. Más tarde a todos los que formaban parte del mundo bohemio y reivindicativo de la época, cuya vida se desarrollaba en aquellos pubs y locales que tenían un sabor especial”. De esos años este uruguayo recuerda a Julio Fajardo, Elfidio Alonso y a tantos otros con los que compartió noches memorables tocando a Silvio, Pablo, Serrat, José Carabajal El Sabalero, Zitarroza y muchos más. Pero en Tenerife vivirían sólo ocho meses; estaba escrito que su destino de emigrante era Gran Canaria donde ya han nacido sus dos hijas, Ariana y Paula, de 25 y 16 años, respectivamente.

Tite Fernández

Tite Fernández

No hay local en Las Palmas de Gran Canaria en el que no haya tocado Tite, pero para él hay tres nombres mágicos de las noches que vivió; La Carreta, Tambanova y Candombe luego rebautizado como Medio Mundo. En ellos tocaron él y Lucho durante varios años y Tite también lo hacía a su vez en El Encuentro, sala que abrió en 1974 en el paseo de Las Canteras y que cuando los músicos llegaron a la Isla ya agonizaba. Los De La Banda Oriental que formaron Tite y Lucho ha sido un referente para casi dos generaciones amantes de la llamada música suramericana de raíz folclórica, en este caso del Cono Sur.

Ellos dos, en sus actuaciones, nos enseñaron géneros musicales como la chamarrita, las milongas uruguayas, los gatos y sobre todo, el candombe. Desde mediados de los setenta la banda hizo sonar esos ritmos que recordaban a Alfredo Zitarrosa, al grupo Los Olimareños de Uruguay y, cómo no, los tangos. Porque Tite siempre ha interpretado tangos y con una maestría y limpieza. “El tango es rioplatense, o sea tanto de Argentina como de Uruguay, de hecho, existe una teoría de que la palabra tango, viene de los negros uruguayos y que significaba reunión.

Tite, magnífico guitarrista, aprendió a tocar la guitarra con su abuelo, que “con ochenta y pico años aún la manejaba que era un primor”. Autodidacta, con 12 o 13 años Tite le daba clases a sus amiguitos y de eso vivía; pero la vida le tenía guardada una sorpresa porque la música que le enseñó el abuelo se convirtió, y lo dice agradecido “en la llave de la despensa de la casa y en el llavín para acceder al lujo de la amistad auténtica; ¿si me siento canario?, bueno, soy de Uruguay pero he sido tan feliz en estas islas, he amado y he vivido tan intensamente que incluso en épocas malas eso tan conocido de ‘se cierra una puerta y se abre una ventana’ se hizo realidad. La llave de la que hablo y el amor de los canarios me han ayudado mucho”.

Los que tienen autoridad musical para decir que tanto Tite como Lucho, Alberto Dogliotti, fallecido y siempre recordado, Tomy, y un largo etcétera, son artistas que divulgaron una música determinada que caló en la sociedad grancanaria saben lo que dicen. “Amamos la música de una manera apasionada”.

Explica Tite que “en las Islas crecimos con el folclore de nuestra infancia uruguaya pero también hicimos nuestro el suramericano gracias a músicos como los que menciono”. Cuando el amigo dice con modestia, virtud que hoy cultivan pocos y que en este guitarrista es un adorno más, que muchos de los personalidades que hoy ocupan cargos de importancia en la vida social y política de Canarias han cantado y compartido noches y tardes de complicidad con él, al arrope de su guitarra, no miente. Conoce sus caras pero no sus nombres “los quiero como amigos y los amigos no piden favores. Me interesan ellos no sus cargos” Y a lista es interminable, claro.

Su actualidad está vinculada a la música, en este caso a la enseñanza y a la dirección de grupos “y si el día tuviera más horas, más alumnos tendría”. Despojado de vanidades, la crisis y el cierre de locales le afectaron pero Tite, superviviente nato, ha encontrado en la calle, en terrazas de moda, escenarios en el que canta toca y es feliz. “Tocar en la calle, ver como un niño se acerca y mira fijamente el movimiento de los dedos o sigue el ritmo, me emociona. Tocar en la calle me ha servido para descubrir otro público, siempre agradecido, y recuperar amigos con los que viví las mejores noches de Las Palmas de Gran Canaria, de eso hace ya hace algunos años. La crisis ha hecho estragos en la música en vivo, no hay duda”.

Nunca le falta trabajo; además de tocar en la calle Tite ha sembrado tanto que lo llaman para actuar en fiestas privadas de amigos en los que el uruguayo regala momentos maravillosos. Silvio, Milanés, uno de sus preferidos junto a Serrat, Aute, Zitarrosa, tangos, etc., “Es muy gratificante ver como en esos casos ellos y yo nos alegramos de vernos. Creo que el crédito y la seriedad todavía se valoran y yo procuro no fallar. Amo la música, la vivo y quienes están conmigo, también. La música es universal, el vehículo más eficaz para hacer amigos porque a nadie le pertenece. Se mueve y suena en un patio común; tengo la suerte de vivir de lo que me gusta”.