La gratitud habló con los pies

Marisol Ayala

Marisol Ayala

Hay mil formas de gratitud pero hoy elijo la de un niño que amó tanto a sus padres adoptivos que de una manera instintiva desarrolló una leve cojera, la misma que sufría quien le sacó de un centro de menores. Dicen los médicos que es la cojera de la gratitud. Aquel niño es hoy un hombre y habla de sus padres con adoración. Vive en Las Palmas y es un empresario de éxito; sus padres tenían y tienen buena posición económica y el niño de mi historia hoy lleva la empresa familiar. Ha vivido su adopción con tanta alegría, con tanta gratitud, con tanto amor que no ha tenido interés en buscar a sus padres biológicos, ni la más mínima intención de dañar a quienes le sacaron de un mundo incierto. Sabe que ha sido afortunado.

Un día de hace años un matrimonio canario decidió una adopción pero no quería hacerlo en Canarias donde todo era complicado de manera que viajó a Barcelona y allí inició los trámites. Realizaron varios viajes a esa ciudad hasta que fueron citados en una casa de acogida. Unas monjas les informaron de que habían aceptado su petición pero querían que fueran ellos los que eligieran a uno de los niños del centro. Complicado momento. Pasaron varias jornadas en el internado, en los patios, en los recreos, hablando y mirando. “Me los hubiera llevado a todos”, contarían más tarde. En ese recorrido les asignaron como acompañante a un chico de unos diez añitos que les recomendaba a este o aquel pequeño. A cada uno le ponía un adorno… “es bueno”, “es tranquilo”, “juega bien al fútbol”, detalles que a estas alturas ya los conoce toda la familia ya que ellos lo contaron con emoción. Pasaron unas jornadas en la emocionante tarea de elegir un hijo hasta que finalmente las monjas les pusieron plazo al ver que pasaban los días y no había decisión.

De pronto el hombre se dirigió al niño acompañante y preguntó: “¿Y a ti, no te quiere nadie?” El chiquillo contestó con desparpajo: “Es que soy mayor…” Ya se imaginan el final. Fue el elegido. Ese niño llenó de felicidad a sus padres. Tanta es la admiración que siente por ellos que hasta cojea levemente, como su padre. Los médicos sostienen que nunca tuvo una lesión. Ladea el pie izquierdo. Apenas nada. “Lo quiere tanto que hasta imita su cojera”.

Cuando la gratitud habla con los pies.

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La cabra que se encafenó. Retazos de zafras (VIII)

Adolfo Santana

Adolfo Santana

La plaga de la cigarra, que asoló los cultivos a finales de los cincuenta y principios de los sesenta, el auge que iba tomando el turismo en la capital, primero, y después, en el Sur, y sobre todo, y como consecuencia de lo anterior, la necesidad de ampliación de las pistas de Gando, aceleró la aparición de Las Puntillas como barrio, en sus inicios en forma de dos hileras de casas, casi todas de la misma tipología y levantadas sobre solares idénticos, de 260 metros cuadrados cada uno, si algún vecino-que lo hubo- no rapiñaba en el deslinde algunos metros.

La distribución hecha por los dueños de los solares-Jiménez y Pulido-, siguiendo un plano general que les hicieron en el Ayuntamiento de Ingenio, marcaba la construcción de esas dos hileras de casas terreras idénticas, asomadas a ambos lados de la C-812, la única carretera general que iba desde la capital al Sur de la Isla y que, andando el tiempo, iba a servir de tumba a muchos descendientes de aquellos aparceros que ahora se trasladaban más al Sur. Al poco tiempo, avanzada la nueva década, y tras el desahucio de los barqueros de la Bahía de Gando-que ya quedó, al menos hasta hoy, para siempre de uso exclusivo de los militares-, se planificó otra hilera de viviendas más cerca de la nueva pista aeroportuaria donde se ubicaron los que iban dejando de oír la eterna sinfonía del mar para ensordecerse con el ruido de las turbinas.

Los munícipes y urbanistas de la época, que por lo visto eran tan listos para estas cosas como los actuales, denominaron a la calle principal, donde mayoritariamente estaban los aparceros, con el nombre de Nicolás Estévanez, que los vecinos suponíamos que sería algún pariente del alcalde, aunque andando el tiempo a uno le satisfizo el nombre y el recuerdo de la persona que lo llevó, y a la calle de los barqueros, le pusieron el nombre de Kant, aunque por aquellos andurriales, dicho sea con respeto, no circuló mucho la razón pura y casi nunca la otra. En el centro quedó una explanada que fue durante años el campo de fútbol del equipillo del barrio, el Doramas FC, un claro precedente de lo que serían luego el Madrid, la Unión Deportiva y el Barcelona, tal era la calidad de su elenco y la magnificencia de su juego, según dejó dicho su eterno presidente, Pepe Roque, “El Obrero”, un personaje singular, llenó de ingenio, lechero, dueño de un bar y jinete de un triciclo que hacía las delicias de todos los conductores de Ingenio y Telde, que solían echar de la carretera a “El Obrero”, en unas bromitas que habrían de tener fatales consecuencias para algunos de los nuevos habitantes del barrio.

La Bahía de Gando (Gran Canaria)

La Bahía de Gando (Gran Canaria)

En los días de partido, “El Obrero” se paseaba por la ladera que servía de grada e iba despachando vasos de clipper y dropper a los aficionados con el fin de recaudar perras para los equipajes. En la plantilla de aquel Doramas figuraron nombres como Suso, “El Guirre”, un porterazo, el central Juan Viera, al que un coronel de la Base Aérea quiso llevarse a probar en el Atlético de Madrid y su hermano “El Dulda”, Nicolás, que llegó a ser extremo titular indiscutible de uno de los mejores CD Telde de la historia, con Chicho, Perico Martel, los Cáceres, junto a los también suresteños Sosa, Juan Alonso y Celestino, creo recordar. Del fabuloso plantel del equipo de Pepe Roque destacaba por su original forma de jugar Juan “Tuno”, extremo izquierdo que, de no ser por una característica de su juego habría dejado en pañales al mismo Paco Gento: era más rápido que el balón, llegaba antes que el esférico a la portería contraria. Siempre. le gustaba pedir la pelota a gritos, desbordar al lateral y enfilar la portaría como una bala de fuego.

Claro que, cuando encaraba al portero, la pelota quedaba diez o veinte metros detrás, en poder de unos laterales que ya le tenían el número cogido y dejaban que se desfogara él sólo, sabedores de que era inofensivo. “El Dulda” tendría ocasión de compartir plantilla con otro hombre que hizo de la velocidad su punto fuerte, Carmelito, un masajista que tuvo la Unión Deportiva Telde y de quien se decía que llegaba antes que el dolor. Los partidos del Doramas con el CD Piletas fueron memorables. El equipo del Sureste, cuyos jugadores venían en una camión de la Comunidad de Quintana como si fueran cajas de tomates, contaban con un central maravilloso, Antonio Jesús, que llegó a jugar en el gran Carrizal y fue taxista en el Cruce de Arinaga y del que terminamos siendo amigos. Sigue leyendo

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“Si la televisión fuera una industria seria, yo estaría trabajando”

Pepe Navarro recuerda sus programas y su ‘exilio’: “No sé qué es la telebasura. Eso se usa para descalificar a un enemigo”

Daniel Verdú. El País

Cuando Pepe Navarro va por la calle y le paran los fans, sus hijos alucinan. Ninguno, ni siquiera la mayor, con 19 años, vivió aquel periodo en el que era el dios de la televisión española. Sin embargo, el rey de las audiencias nocturnas y conductor de programas como Esta noche cruzamos el Mississippi o La sonrisa del pelícano desapareció del mapa de una día para otro. Casi 20 años después, cuenta en su libro La leyenda del Mississippi(Akal, 2014) su extraña caída en desgracia.

Pepe Navarro retratado por Santaalle. El País.

Pepe Navarro retratado por Santaalle. El País

Pregunta. ¿Qué fue de Pepe Navarro?
Respuesta. Eso quisiera saber yo. Son las circunstancias de este país y de la televisión, que no es una industria establecida. Es el negocio de unos cuantos y lo montan como les da la gana. Si fuera una industria seria, yo estaría trabajando.
P. ¿Cómo se pasa de ser un dios de la televisión a desaparecer del mapa?
R. Los dioses no existen, está comprobado. Es como ir a 200 kilómetros por hora en una autopista y frenar de golpe. Hay siempre un golpetazo que te hace plantearte muchas cosas. Pero si tu finalidad no es solo el trabajo, es menos dramático.
Pepe Navarro (Córdoba, 1950) se crió y estudió en Barcelona. Ha trabajado en todo lo imaginable. Según cuenta en su libro, lo único que no le dejan hacer ahora es lo que mejor hace.
P. ¿Está vetado?
R. No lo sé. Pero no puedo ejercer mi profesión, cosa que hacía desde los 18 años, hace ya 40. Habría que preguntárselo a los que lo deciden. En una industria normal, yo tendría un precio en el mercado, como cualquier otro.
P. Sé que lo cuenta en su libro, es una historia larga, ¿qué pasó?
R. No lo sé. Me echaron por la venganza de un señor que se llama Pedro J. Ramírez. Él tenía poder y la ejecutó.
P. ¿Por qué quería vengarse?
R. Bueno, mejor que lean el libro. Pero, desde luego, no tiene que ver con su famoso vídeo. Jamás lo vi, ni me interesa. Pero todo fue a raíz de que hablamos de algo que a él no le interesaba.
P. ¿Es consciente de que toda esta historia que cuenta puede sonar a teoría de la conspiración?
R. Ese ha sido mi mundo.
P. Pero es un poco alucinante…
R. ¿A ti te lo parece? Fue mi vida y estaba metido en esa historia. Y hay cosas de las que no tengo pruebas que he obviado. Esta profesión forma parte de un universo muy distinto. Pero lo que cuento es lo que pasó.
P. ¿Pudo también tener que ver con la manera en la que trataron el tema de Alcàsser y la deriva escabrosa que generó?
R. No, yo creo que fue una buena información. Muy dura, pero fundamentada en datos muy concretos. Cuando empezó a irse de las manos el tema lo zanjamos para reconducirlo. Tanto a Fernando como a Ignacio [dos de los padres de las niñas asesinadas] dejamos de sacarlos en el programa.
P. Pero se dijeron animaladas importantes y todo cogió un carácter muy sensacionalista.
R. Como se han dicho sobre el 11-M. El planteamiento fue serio y riguroso.
P. Este caso también se llevó por delante a Nieves Herrero.
R. No lo sé, además, en el libro no hablo de ese asunto.
P. Después de este libro sí que se podrá despedir definitivamente de la tele.
R. Yo no acuso a nadie. Cuento lo que pasó. He contactado con todos los personajes que aparecen, aunque algunos no han querido hablar. No es un libro revanchista.
P. Si lo que cuenta es verdad, yo tendría ganas de revancha.
R. La vida es así, a nadie le ponen una alfombra roja. Pero al tener connotaciones públicas y bordeando el poder, parece que tenga mayor iluminación.
P. Usted también era poderoso.
R. Nunca utilicé mi trabajo para manejar el poder, sino para divertir y divertirme. Pero es que vendíamos todo lo que sacábamos, y teníamos un programa de máxima audiencia.
P. Desde el sofá de casa parecía que estaban como una cabra.
R. Ese era el espíritu. El disparate, el absurdo, todos los espectros del humor y una forma de ver la vida distinta. Una perspectiva un tanto tuneada, un caos controlado.

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Una niña canaria con Hepatitis C pide ayuda para recibir tratamiento

Detrás de la enfermedad subyace el grave problema social de su familia en paro y con 3 hijos.

La Opinión/Marisol Ayala

Se trata de un problema social agravado por una enfermedad cuyo proceso desconoce la familia. Hace 4 años que el SCS no la somete a pruebas hepáticas para conocer su estado.

Sara tiene 8 años, aunque no llega a los valores estándar de su edad. Mide 1,10 metros y pesa 19 kilos. El motivo de que el crecimiento de esta joven grancanaria sea más lento de lo normal viene derivado de la Hepatitis C, enfermedad que padece desde que nació. Su madre, también enferma, tuvo que elegir entre tratar la dolencia o tener a su hija. Apostó por Sara. Esta decisión le costó su propia vida, ya que con 42 años y con una hija de 16 meses, perdió la batalla contra la enfermedad.
Desde ese momento, Sara está bajo la custodia de su tía Gema, que se ha hecho cargo de ella y ha luchado junto a la niña con la Hepatitis C que padece. Sin embargo, el medicamento adecuado para la menor está fuera de su alcance. Su tía Gema, “una parada más en España”, como confiesa en declaraciones a Cadena Ser, no puede hacerse cargo del elevado precio del tratamiento que podría salvar la vida de la pequeña. Esta medicación consiste en un componente llamado Sofosbuvir o Savoldi (su nombre comercial) que ya ha obtenido exitosos resultados en Estados Unidos. El precio del tratamiento supera los 60.000 euros.

Sara

Sara

Gema reclama desesperada que se llegue a una solución que haga posible que Sara pueda adquirir dicho tratamiento, que tiene una tasa de efectividad del 90% según los estudios realizados en pacientes en Estados Unidos (211 hasta ahora). Aunque el Ministerio de Sanidad asegura que se encuentra en trámites de negociación para dar salida al alto precio del medicamento, actualmente está fuera del alcance.

Un problema social.

Gema explicaba ayer que la situación de su sobrina desde el punto de vista de la salud no es grave pero si “preocupante”. Al parecer, cuenta, desde hace 4 años los médicos del SCS no someten a la niña, que sufre una enfermedad heredada de su madre, un control médico que permita saber con exactitud el estado de su hígado. La mujer sabe bien que el tratamiento que reclama no puede ser administrado a niños pero su desesperación e incertidumbre le ha situado en primera línea informativa. Realmente lo que ahora mismo dejaría un poco más tranquila a Gema es que la sanidad de Canarias le hicieran las citadas pruebas hepatológica para saber si la inflamación que se detectó en hace 4 años en el hígado ha ido a más o por el contrario tiene que ser controlada con urgencia. Se da la particularidad de que la tía de Sara y su compañero están en situación de paro y entre ambos tienen que mantener a dos hijas, además de Sara. “Hemos pedida ayuda, pero no llega”.

El último gran paso de gigante para la Hepatitis C fue el reciente acuerdo con el laboratorio farmacéutico Janssen para la subvención de Simeprevir u Olysio según su nombre comercial. Aunque este avance, que reduce el costo máximo del tratamiento para el Sistema Nacional de Salud de 25.000 euros, fue una noticia celebrada por toda la comunidad médica, este fármaco aún necesita en un gran número de casos el suministro en combinación con otros fármacos, como el interferón pegilado, con múltiples efectos adversos. Además, este medicamento, no está indicado para todos los casos de Hepatitis C (genotipos 1a o 1b) según informa la Organización Mundial de la Salud, mientras el Sofosbuvir tiene alta efectividad en los cuatro genotipos en los que se categoriza la infección.

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Cultura de comprar y tirar en el Oasis

Javier Durán

Javier Durán

La reptil transformación del caso Oasis y su Bien de Interés Cultural en un asunto de estrategia empresarial nos ha convertido en ajeno (y hasta en impenetrable) un expediente con fuerte carga social. Digamos que el propósito de liberar este espacio natural de Maspalomas fue expropiado por los intereses compartidos entre políticos e inversores, pues entiendo que los primeros se dedicaron más a contentar las ambiciones del mercado que las de sus ciudadanos. Convertido, pues, en un tema en exclusiva de gallos de pelea de postín, enfrentados por edificabilidades varias, retranqueos, vistas al mar y compensaciones, cabe preguntarse por las razones del envoltorio cultural que eligió el PP en el Cabildo Insular para tratar de sacar adelante el plan especial. Y ahí, claro está, salivamos y recurrimos a un esotérico paso de Colón por el sitio, abierto a múltiples interpretaciones.

Pero lo relevante aquí no son los argumentos en contra o a favor sobre la supuesta expedición del almirante, ni si esto importaba mucho o poco a las empresas en litigio, o si realmente era algo que venía como anillo al dedo para crear un tótum revolútum del que saliese un nuevo urbanismo que interesase a las partes. Mi mirada, si me lo permiten, es la del desaliento del que observa cómo las fieras se lanzan sobre la pieza, la destrozan a jirones y se retiran tras el arbusto para cargar pilas y retornar de nuevo a la cacería. Y todo ello dejando por el camino una ristra de cadáveres: el primero, y más descorazonador, la evidencia de que la sensibilidad general por un espacio territorial poco importa a los que tratan de exprimirlo hasta la saciedad; segundo, ni el tiempo ni los descalabros originados han hecho mella, aunque sea para aspirar a una renuncia de beneficios en favor de la sociedad que los ha encumbrado, y tercero, la insolencia, desfachatez y desprecio con el que ha sido considerado el conocimiento de los especialistas. Quiero pararme sobre esta espinosa cuestión y desbrozar con serenidad sobre el daño que la misma ha provocado.

En una secuencia de voracidad esquizofrénica hemos visto cómo la opinión arquitectónica, la dedicada a especificar el valor de parte del hotel Oasis, ha sido pasto de las llamas. Hemos sido testigos de una ampulosa campaña en el que el valor de la representación estética, funcional y fundacional del edificio ha sido desplazada de la manera más sibilina: no habrá ningún arquitecto capaz de mantener en el tiempo una tensión discursiva en defensa de un patrimonio, sobre todo cuando no hay encargos y los pocos que hay corren a cuenta de los que litigan en torno al Faro. La consecuencia es que nunca más se supo de los que levantaron la voz a favor de la obra de Corrales, Mozelún y Manuel de la Peña. Evaporación que también alcanzó a los académicos de Bellas Artes. Nadie, y un aplauso para los estrategas, quiso verse alcanzado por los efectos colaterales de una disputa que se desvanecía culturalmente para convertirse en empresarial con la ayuda, claro está, del Cabildo grancanario. En un birlibirloque sin matices se desprendía del debate el motivo del mismo, y se entraba en una etapa sólo apta para abogados, políticos y promotores. Extrañamente, la Corporación de Bravo de Laguna elevaba el tiro de su ambición con un BIC retador, pero a la vez desaparecía el origen.

Y en esta expansión cabildicia reaparece Colón, una antigua pieza del tablero cultural insular desde la etapa de Matías Vega, que pidió a Néstor Álamo en los años cincuenta del pasado siglo la exaltación del paso colombino por Gran Canaria con la construcción de la Casa de Colón. Una ficción (no hay pruebas de que estuviese en el casco antiguo de la capital) que ha cosechado su éxito a tenor de los ingresos de taquilla del museo de Vegueta. Pero la Historia no se agota: en el siglo XXI esta digresión de la realidad toma cuerpo una vez más con el empeño político de encajar, en esta ocasión en Maspalomas, al viejo almirante genovés como ordenante de una aguada y recopilación de leña en 1502 allí, en las aun selváticas dunas.

Si a los arquitectos se los diluyó en una especie de fosa de cal, a los historiadores, sin embargo, se les llamó a rebato para que desde sus prestigiosas tribunas diesen por hecho que Colón había estado en Maspalomas, tal como teóricamente versiona su hijo Hernando Colón en Historia del Almirante. Por desgracia, respetables docentes se entregaron a los cantos de sirena sin importarles su reputación, ni tampoco la chusca labor de un Cabildo Insular dedicado con deleite (y otras variedades pendientes de dirimir) a ensayar con la Historia para dar cobijo a los intereses de unos empresarios a los que, paradójicamente, les importa un rábano qué ocurrió en aquellos lares siglos atrás. Les venía bien Colón o Fernando Guanarteme.

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