La Fiscalía pide 3 años de cárcel para los imputados por las graves quemaduras que sufrió Saida Prieto en la Gala de Tenerife

LOS ACUSADOS SON Willy Jorge, el diseñador cuya pirotecnia causó graves quemaduras a Saida y lesiones a varios participantes en el acto, y Francisco Trujillo, el exgerente de Fiestas del Ayuntamiento de la capital. Asimismo, la Fiscalía exige una indemnización para la joven de 1,3 millones de euros, “de la que deberá responder la Compañía Mapfre, en virtud de la póliza de seguro contratado por el Consistorio, y también este mismo como responsable civil subsidiario”. El Juzgado da 24 horas a los implicados para que aporten una fianza de cuatro millones

La Provincia.

El Juzgado de Instrucción número 1 de Santa Cruz de Tenerife ha declarado la apertura del juicio oral del caso Saida Prieto, la candidata a Reina del Carnaval chicharrero que en la Gala del 6 de febrero de 2013 estuvo a punto de perder la vida. El Ministerio Fiscal pide tres años de cárcel para cada uno de los imputados.

La joven Saida Prieto con su madre.

La joven Saida Prieto con su madre.

En el auto del Juzgado que ha abierto el juicio oral, que incluye el escrito de la Fiscalía y al que ha tenido acceso La Opinión de Tenerife, se establece que en la presente causa la acusación va dirigida contra Willy Jorge y Francisco Trujillo, así como contra la Compañía Mapfre, como responsable civil directo, y el Ayuntamiento de Santa Cruz, como responsable civil subsidiario. Precisamente, a estos últimos se les da un plazo de tres días para que comparezcan en la causa con un abogado que les defienda y un procurador que les represente.

Embargo de bienes

Asimismo, y en relación a las responsabilidades pecuniarias, el Juzgado da un plazo de 24 horas a los dos imputados, a Mapfre y al Consistorio chicharrero para que “presten fianza por importe de cuatro millones de euros”, con el fin de “asegurar las responsabilidades que pudieran serle impuestas”. En el auto se les advierte de que si no se cumple esta medida, se procederá al embargo de sus bienes “en cantidad bastante para cubrir dicha suma”.

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Juan Luján, descansa en paz. En Las Ramblas hay un banco libre…

Eloy Cuadra Pedrini

Eloy Cuadra Pedrini

En un recuadro del periódico, arriba en una esquina, una nota fría y sin alma informa de la muerte de una persona sin hogar habitual del Albergue Municipal de Santa Cruz de Tenerife, atragantado, en plena calle, en un banco de la avenida que solía frecuentar. Un varón, 61 años, iniciales J.L.G, no decía más. Entonces recuerdas, ¿JL? Bien podría ser Juan Luján, viejo amigo. Y al Albergue corro a preguntar rezando para que no sea él. Es la hora de la comida, 30 personas hacen cola y entre ellos no está Juan con su muleta y sus ojos tristes.

Conocí a Juan hace algunos años, los años fuertes de la Plataforma por la Dignidad, cuando las personas sin hogar ocupaban la mayor parte de nuestras luchas. David, Tomás, Rosi Cubas, cuanto corazón, hacíamos un buen equipo. En esas Juan no era sólo Juan, eran Juan y Javi, inseparables de los bancos de la avenida Benito Pérez Armas. Se quejaban de las negativas del Albergue a dejarlos entrar a dormir, a poco que llegaran tarde o hubieran bebido. Y lo cierto es que bebían bastante, pero no era menos cierto que en aquellos bancos las noches de invierno eran duras y frías, muy frías, y la soledad era grande y oscura, muy oscura. Les llevábamos mantas, un café, reclamábamos a las autoridades locales por un trato más digno y mayor atención, y sobre todo hablábamos con ellos, haciéndoles ver que aquella no era vida. Es entonces, al hablar con ellos, cuando te das cuenta que detrás de aquellos dos borrachos simpáticos había además dos seres humanos muy válidos, muy preparados, gente hermosa, noble y agradecida. De Javi…, ¿qué puedo decir de Javi? Se te parte el alma cuando ves a un chico de no más de 30 años, culto, educado, que te habla varios idiomas, informático para más señas, que un día trabajó y ganó mucho, tirado en un banco cual desecho humano camino de una muerte segura. Pero Javi puso de su parte, quería salir de aquello, nosotros pusimos el resto y lo consiguió. Hace unos meses nos vimos por Santa Cruz, un abrazo sentido, recordamos los viejos tiempos, me preguntó por Juan.

Dormir en un cajero. Paradojas de la vida.

Dormir en un cajero. Paradojas de la vida.

¡Ay Juan… cuántas veces te lo dije! También con Juan lo intentamos todo, incluso más, él también quería salir de la calle y del alcohol y tenía ilusiones y proyectos, encontrar a su familia, alquilarse un piso, vivir. Cuando estaba bien hablaba incluso de colaborar con la Plataforma produciendo un programa de radio. Es que Juan Luján era periodista, de radio, de los buenos, hace años, sólo había que escucharlo hablar, tan sereno, tan culto, y hasta, diría, tan inocente. De mi experiencia he aprendido que a veces en las personas enfermas con este tipo de patologías la voluntad no es tan fuerte como el deseo y nunca pasan del querer y no poder. Aunque, bueno es decir que lo intentó hasta donde sus fuerzas le llegaron y a punto estuvo de conseguirlo. Pasó por Urgencias del Hospital, escribimos y pedimos por él y su mala salud a los Servicios Sociales del Ayuntamiento, una temporada en San Juan de Dios, ingresó en los Amigos de Lourdes para desintoxicarse y hasta logró alquilarse una habitación por unos meses. Pero, al final Juan volvió a caer, al alcohol, a la calle, al Albergue. Debió ser la soledad, muy mala compañera para personas que han pasado tanto y llevan tanto tiempo conviviendo con el alcohol. Javi tenía alicientes, tenía a su madre, tenía a su hermano, y llevaba menos tiempo; Juan estaba solo, tal vez por méritos propios, pues me consta que su escasa familia hizo lo que pudo mientras pudo. Sea cómo fuere, le faltó cariño, calor humano, y es que en el fondo, ¿qué somos, qué nos queda cuando no hay nadie con quien hablar, con quien reír, con quien llorar? En ese punto el ser humano se desvanece, y el abandono y la demencia es lo que viene.

Desde que supe de la muerte de Juan no ha parado de resonar en mi interior una escena de una memorable película antigua, ese enigmático “rosebud”, “rosebud” del Ciudadano Kane. El magnate multimillonario que lo tiene todo y muere triste y abandonado por todos, recordando un objeto de su infancia interrumpida. Charles Foster Kane habría dado todas sus riquezas por recuperar esa infancia feliz que le robaron siendo muy pequeño, y Juan Luján, como yo, y como tú, y como todos, sólo necesitamos, en el fondo, un poco de cariño, una sonrisa, que nos escuchen, ser importantes al menos para alguien.

Y este es mi pequeño homenaje a ese buen hombre que fue Juan Luján. Intento no sentirme mal, porque igual también yo podría haber hecho algo más por ayudarle y acompañarle cuando estuvo solo. Ahora ya únicamente me queda intentar que puedan darle una digna sepultura y descanse al fin en paz, pues hasta eso es complicado hoy en día en Santa Cruz de Tenerife si eres pobre.

Recuerden esta historia piensen en Juan y en Javi la próxima vez que vean a un sin hogar tirado en un banco, durmiendo en un cajero o hablando solo en mitad de la calle, también ellos tuvieron una infancia, y sueños, y proyectos, y seguramente quisieron a alguien y lo intentaron, pero no supieron, no eligieron bien, y al final, probablemente, no encontraron a nadie que les tendiera una mano.

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Bolívar, el bolívar y los bolivarianos

Ánxel Vence

Ánxel Vence

Viceministros y otros altos cargos de la Venezuela revolucionaria se dejaron sobornar -gustosamente- por las empresas del malvado capital contra las que combatían y aún combaten; pero no conviene malinterpretar el asunto. En realidad, estaban homenajeando a Simón Bolívar y al bolívar propiamente dicho, que es la divisa nacional de su país.

Los jerarcas del círculo íntimo de Hugo Chávez se limitaron a socavar los fundamentos del sistema imperialista sin más que poner de manifiesto sus contradicciones. Bolivarianos a fin de cuentas, no hacían otra cosa que llenarse los bolsillos de bolívares; aunque tampoco le hiciesen ascos a los euros y a los dólares.

Para tan alto propósito no dudaron en tentar con la exigencia de comisiones a las multinacionales -españolas, en este caso- que pretendían obtener concesiones de obras públicas en la patria del petróleo. Su astucia tuvo el éxito esperado. Algunas de las empresas a las que se tanteó acabarían pagando mordidas por una suma total de 150 millones de euros, cifra que no es moco de pavo ni pedrada en ojo de boticario.

Simón Bolívar

Simón Bolívar

Una de ellas, por ejemplo, llegó a abonar un 5,5 por ciento de comisión a cambio del contrato de una central hidroeléctrica, porcentaje incluso superior al que cobran -por lo general- los mucho más modestos políticos españoles.

El curioso lance, descubierto tras la intervención de una banca privada de Andorra, demuestra que el dinero se hizo redondo para que el mundo gire: y ni aun las más extremadas ideologías son capaces de resistir a su poderoso influjo. Ni aquí, ni en Caracas ni en Pekín hay quien deje de flaquear en sus principios cuando alguien le pone una buena oferta sobre la mesa.

Los chinos, famosos por copiarlo todo, decidieron plagiar también la fórmula del capitalismo: y no se puede decir que les haya ido mal. Fue el Pequeño Timonel, Deng Xiao Ping, quien hace un par de décadas decretó la conversión de China al “socialismo de mercado”, curioso pero eficacísimo híbrido que en tan corto espacio de tiempo ha convertido a la República Popular fundada por Mao en la primera economía del mundo.

“Enriquecerse es glorioso”, dijo el revolucionario Xiao. Muchos chinos que ahora pueblan la lista de potentados de Forbes tomaron al pie de la letra el consejo. Pero lo más notable es que, además, los chinitos otrora hambreados comenzaron a ganar también dinero hasta el punto de que ya está naciendo una incipiente y lógicamente numerosa clase media en ese antiguo imperio asiático.

En Venezuela no ocurre exactamente lo mismo, pero da igual. Allí, los seguidores del teniente coronel Chávez no renuncian a las delicias del socialismo científico, con su habitual resultado de colas, racionamiento y tiendas desabastecidas. De los chinos han tomado solo la máxima que aconseja enriquecerse, si bien parecen aplicarla a título estrictamente personal. No es de extrañar, por tanto, que a diferencia de la próspera China, el país ande al borde de la bancarrota en abierto contraste con la opulencia en la que viven sus dirigentes.

Gloriosamente enriquecidos con los lucros de las mordidas, los chavistas han obrado el raro milagro de aunar lo peor del capitalismo con lo peor del comunismo; y hasta fueron quienes superan los logros de la escandalosa España del trinque.

Es lo que tiene confundir a Simón Bolívar con el bolívar que tanto abriga los bolsillos.

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Gerardo Garcés, Hijo Adoptivo de la Isla: “¡Gracias Gran Canaria!”

Gerardo Garcés

Gerardo Garcés

Gracias Gran Canaria. Gracias a los miembros de la Corporación Insular que me han distinguido con el nombramiento de Hijo Adoptivo de Gran Canaria, especialmente a su presidente Jose Miguel Bravo de Laguna. Aunque he tenido la fortuna de haber recibido algunos premios por mis trabajos de investigación, sin embargo nunca me he sentido tan honrado como en este caso.

Vivo en esta tierra desde la edad de nueve meses, tras nacer hace 58 años en Barcelona, ciudad en la que trabajaba mi padre. Soy hijo de madrileño y canariona, hermano, padre y abuelo de canariones. Estudié el bachillerato en el Colegio Viera y Clavijo de Las Palmas y comencé mis estudios de Medicina en el Colegio Universitario, formando parte de su primera promoción. Desde que tengo uso de razón he vibrado con los colores de nuestra querida Unión Deportiva Las Palmas, escudo que defendí como nadador en mi infancia y adolescencia. Me he sentido siempre parte de este maravilloso pueblo canario, alegrándome y disfrutando con sus logros y llorando sus desgracias.

Viví un tiempo en Inglaterra y mi música de cabecera eran los acordes y poemas de isas, folías y malagueñas. El cuadro que adornaba mi salón era un poste de mi amada playa de Las Canteras. Disfrutaba en lo profesional pero sentía añoranza de mi terruño querido. Y llegado el momento, decliné una oferta para investigar en Estados Unidos porque tenía necesidad de respirar la brisa de nuestro mar, de calentarme con el cálido sol que nos acompaña casi todos los días y de compartir la bonhomía de mi gente. Jamás me he arrepentido de esa decisión.

Nadie hace solo el camino de la vida. Aunque muchas personas nos acompañan durante un tiempo y apenas dejan huella en nuestra vida, somos fruto de lo que otros nos han aportado. Sería hipócrita si mostrase agradecimiento a los que me han hecho daño. Sin embargo es justo reconocer que he aprendido mucho de esas experiencias y que me han hecho más fuerte. Por el contrario, quiero airear mi eterno agradecimiento a las personas e instituciones que me han ayudado a ser lo que soy. Especialmente a mis padres, un mecánico y una ama de casa, que a base de tesón y sacrificio consiguieron en una sola generación elevar el estandarte familiar hasta una cátedra universitaria, demostrando así que sí se puede. Sin lugar a duda, un lugar prominente en mi lista de agradecimientos lo ocupan aquellos que me han dado su amor incondicional. Los que están y los que estuvieron. De corazón pido perdón a los que no he sabido hacer felices.  

Tengo vocación regionalista, pero basada en la óptica de quien considera que cuanto mejor sea mi isla más grande será mi Comunidad.  Pienso y siento como canarión. Aunque toda mi vida me he comportado y me sentido un canarión de hecho, a partir de ahora me sentiré especialmente orgulloso de serlo también de derecho. Muchísimas gracias Gran Canaria por hacerme tu hijo adoptivo.

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