No lo saben

Carla Sánchez

Carla Sánchez

Era joven para ser madre, aún más para ser abuela, pero tiene un origen humilde donde no le ha dado tiempo a decir que no….a casi nada. Tiene dos hijos varones, pasó bastante miserias y penalidades, nadie sabe como sacó una familia adelante, familia que para la época era una desgracia, un hijo de cada padre y ambos no reconocidos. Es muy trabajadora, incansable, se dedica a limpiar casas y por hacendosa tiene casi todas las casas de ese barrio, empatando una con otra para nunca llegar a final de mes. Hoy almorzando en una de las casas que limpia se lamenta, porque tal día como hoy hace veinte años, se puso de parto por tercera vez, pero era muy pobre, no existía la seguridad social y las pobres, daban a luz como en el Medievo, en los sótanos del hospital a verlas venir….la monja que la asistió le dijo que nació muerta, su pena es que hubiese sido su única hija. La dueña de la casa, come frente a ella y la tranquiliza….¡Estaba de Dios que no viviese Carmen, no te angusties!…… Miente. Sabe como sabe todo el barrio que esa niña suponía un quebranto económico insostenible para la época, una familia monoparental, que ya era un escándalo y sobrevive a duras penas, no podía soportar otra boca más y esa niña fue a parar, previo pago, a manos de un matrimonio de la zona que no podía tener hijos. Sólo le quedan los cristales del balcón, los deja para cuando el sol baja y no hay limpiacristales por eso va a la tienda del barrio a por una botella, la tienda está llena de gente, en los noventa todavía existía el culto a la tienda. Entra y se acerca hasta el fondo, por el camino tropieza con una muchacha y se le cae una moneda de cien pesetas, se agachan a la vez a cogerla, se miran, sonríen, es una pena que no sean capaces de ver que tienen los mismos ojos, son madre e hija, pero ellas…..no lo saben.

Ignorancia

Ignorancia

Es un ambiente tenebroso el de los tanatorios, unos lloran, otros cumplen, otros por dentro se alegran…pero todos van. He visto llegar a Fernando temprano con su mujer, se lamenta de la desgracia con los familiares que encuentra, da el pésame uno por uno, es andaluz, tiene un ceceo que lo convierte en adorable. Es un hombre atlético, alto, deportista, llegando a la madurez pero joven, además de guapo, al llegar y pese a ser un lugar tan inapropiado para eso, muchas mujeres le han mirado y alguna ha murmurado algo. Entra en la sala, saluda, se acerca al cristal donde está el féretro y frunce el ceño…que caprichosa la vida, llevarse a esta mujer cuando tanta falta hace, alguien abre la puerta de la sala donde está la fallecida, el olor a flores mantenidas al frío te congela el alma, era una madre muy querida. Por un momento pierde su vista frente al cristal en esa imagen, el fin de la vida carnal es muy triste porque acaba en una caja y el olor a flores de las coronas lo está empezando a poner nervioso.  Han pasado dos meses, estoy en el mismo tanatorio, la misma sala, el mismo ambiente, quizá incluso las mismas conversaciones, pienso en silencio frente al ataúd, hay muchísimas flores y el olor otra vez es insoportable, que caprichosa la vida, mismo escenario para otro actor, ahora el féretro lo ocupa Fernando, cuando vino aquí por última vez, le quedaban dos meses de vida, pero él…..no lo sabía.

Nuestro amigo es un hombre cofre. Has leído bien, no quería decir cafre, he puesto cofre. Es joven, pero la vida le ha dado bastante jarabe de palo y está cascado. Todo el mundo le ve capaz porque es bastante luchador, pero lleva en la guerra sin ascender, demasiado tiempo. Javier es un hombre cofre porque por su forma de ver y enfocar las cosas, todos acuden a él, es el muro de las lamentaciones de todos los que conoce, los reconduce y reconforta, pero en esa labor se abre el cofre y guarda dentro los secretos de todos. Los que no guarda por custodia, los guarda por perro viejo porque es intuitivo y los ve venir, le bastan tres pasos para confirmar lo que cree que pasa. A veces sufre bastante, se ve en situaciones en las que le gustaría prender fuego a una traca de información y que todo quede en cenizas, pero es bastante fiel a su palabra, traga saliva y sigue observando cómo lo de unos y lo de otros tan lejos, tan distinto, realmente está tan cerca sin que lo sospechen. Recibe la ironía de algunos con sorna, tiene tragos muy amargos para ellos, que sin embargo sólo toma él. A veces le cuesta bastante y se aísla porque no soporta la mentira, la falsedad y el peso del cofre. Lo sabe todo de todos…..pero ellos, no lo saben.

Estos relatos cortos los he vivido, probablemente tú también, si no todos, alguno. Soy una lectora incansable, me gusta saber, me gusta escuchar y tengo la sensación de que me faltan años para todo lo que me queda por conocer, pero todos mis protagonistas o no sabían o miraban desde lejos el desconocer del resto y admito que alguna vez en mi vida y según con qué cosas, he tenido un domicilio feliz, viviendo en la ignorancia.

¿Por qué he escrito esto?……… No lo sé.

De la corrupción

Carlos Juma

Carlos Juma

Los actos contrarios a la moral, ética, deontología y normas imperativas de la Ley, profanando su sagrado carácter, rebasando el simple descuido, no pueden ni deben quedar impunes ni por el llamado corporativismo ni por los jueces amigos.

No importa quién sea el actor y quién el damnificado.

La moral concierne al fuero interno o al respeto humano; es lo relativo a las acciones de las personas o sus caracteres desde el punto de vista de la bondad o de la malicia (RAE).

La ética es el conjunto de normas morales que rigen la conducta humana y no está sujeta al ordenamiento jurídico.

La deontología es la ciencia o tratado de los deberes que está custodiado por los Colegios Profesionales.

La ley (en latín, lex, legis) es una norma jurídica dictada por el legislador, es decir, un precepto establecido por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia cuyo incumplimiento conlleva a una sanción.

Las definiciones tal cual las dictan los que se supone que saben.

Las normas imperativas y prohibitivas de la Ley son rotundas y absolutamente claras, y quienes la incumplen,- especialmente los llamados a la custodia y defensa de la Justicia-, no deberían salir de rositas o agraciados por la visión de la Virgen en procedimientos judiciales gracias al corporativismo, al amiguismo o a la aplicación “sui generis” de la norma.

Siendo la ley igual para todos,- no así la aplicación de la misma, como es bien sabido y sufrido-, su aplicación a profesionales colegiados, y a no colegiados como los políticos (tiempo habrá en que se colegiarán), no puede admitir excepciones tales como “defectos formales”, y un largo etcétera de ridiculeces en sentencias en las que se declare nula una obra, se condene a un tercero por causa de la nulidad y se absuelva al autor de tamaña tropelía.

Corrupcion Rajoy

Y por si fuera poco, que sentencien, no uno sino tres jueces, que aquel, diz que abogado-albacea, deberá devolver los honorarios indebidamente apropiados, le “condenan” a hacer la obra de nuevo y cobrar por ello. O sea, que aquí no ha pasado nada, ¿no?

Es un ejemplo más de los ataques de risa llorona que le pueden dar a uno. Experiencia personal.

Si los administradores de la Justicia actúan de esta guisa por mor del principio filosófico que establece que la aplicación de la ley no reside en el conocimiento de la norma sino en la voluntariedad de su aplicación estaremos ante la maleabilidad del Derecho.

Y si un servidor de lo público, por oposición o por elección, no tiene una mínima referencia de lo que es lo moral, ético, deontológico, o legal sencillamente los ignora o se los pasa por el forro de los caprichos, descansamos en la antesala de una conducta previsiblemente delictuosa por hechos en los que se querría englobar el término “corrupción”.

Los políticos, algunos particularmente, andan de cabeza tratando de definir la corrupción, de manera tal que no les roce ni tangencialmente. Los niños aprenden rápidamente que es lo bueno y lo malo pero los hay que, con el paso de los años, mandan al “carajo la vela” cualquier deber, ante sí, ante los demás, ante los colegas o ante la Ley.

Mareamos hasta la extenuación a la gentil ave gallinácea llamada perdiz, padecemos la falta de concordancia y proporcionalidad en la aplicación de la ley, miramos atónitos y furiosos el paseo en el mar y la montaña de los ladrones de euros a manos llenas, contemplamos con pesar la dureza de la ley con los roba-gallinas y la levedad con los delincuentes de cuello blanco y no nos indignamos lo suficiente.

Nadie está libre de pecado, cierto es, y menos aún quién esto escribe. Al menos, percibamos el sonrojo de la vergüenza que es una señal de arrepentimiento.

Para ello hay que educar en valores, cuidar de manera gentil a los que nos siguen, y desde el punto de vista económico no castigar con cuantiosas cantidades dinerarias los libros escolares, tan cambiantes como necesarios.

Somos la conclusión de nuestro aprendizaje por la vida; ¡y cuan importantes son los principios básicos educativos!

Nada pues de extrañarse ante el impenitente espectáculo que diariamente tienen como protagonistas a estos perfilados sujetos, con toga, sin toga, con bata o sin ella, con los laureles de los comicios o con la infinitud de la estupidez humana.

Sugerencias modestas para el buen entendedor.

El mejor albacea es el que no se nombra. La fortaleza de lo heredable está en la educación, en la buena, y en sus principios.

Elija a profesionales de conducta intachable, los hay.

Y apartemos a los políticos de sombras oscuras, tanto si son cuatro como cuarenta. Nadie debería cobrar por trabajos nulos e inservibles.

Usted, inteligente lector, sabe extraer sus propias conclusiones.

Abstracciones

Santiago Gil

Santiago Gil

Casi siempre guardamos pequeños detalles, gestos, sombras que nos sorprendían dibujando extrañas formas en una montaña o en el suelo de una habitación que también recreamos como si la miráramos a través de un caleidoscopio, multiplicando los objetos y acercando y alejando lo que entonces era nuestro único universo. La intensidad del recuerdo no tiene nada que ver con la exactitud de lo que miramos. Incluso nos inventamos el pasado según nuestra propia conveniencia, para escapar de lo que nos descorazonó hace mucho tiempo o para recrear lo que nunca fue bello. El arte no es más que un asidero en el que indagamos mil maneras distintas de seguir sobreviviendo.

Estos días se expone en San Martín Centro de Cultura Contemporánea una exposición antológica de José Rosario Godoy titulada Espejismo abstracto. En esa muestra hay un acercamiento a las formas, los colores y los objetos del artista en los últimos veinte años. José es un artista que podría recrear palmo a palmo muchos de mis recuerdos más intensos. Compartimos el paisaje del Puerto de Las Nieves de principios de los setenta y ambos llevamos la herida de ese muelle que borró para siempre aquel paraíso que él tenía justo detrás de la tienda que regentaban sus padres. Cuando te acercas a su obra, descubres inmediatamente aquellos colores y aquellas sombras del Faneque, del Dedo Dios o de Guayedra. Pero todo eso lo encuentras en una abstracción de la mirada, en los juegos de colores y en la sensación que te deja cualquiera de los detalles que acaban siendo una especie de bosquejo de nuestra propia novela. Nietzsche recomendaba desaprender para poder buscar de nuevo más allá de las evidencias. José Rosario Godoy nunca olvida el paisaje terrenal, ni tampoco las vivencias que van dibujando ese otro perfil de cada uno de nosotros que, si acaso, se atisba en el fondo lejano de nuestra mirada. Si van a la exposición que estará en San Martín hasta el mes de octubre no pasen de largo ante ninguna de sus propuestas creativas. Hay mucho fondo abisal detrás de cada uno de los trazos y mucha sombra que se va extiendo mucho más allá de la que proyectan los objetos y los cuadros. El estudio de un artista es como un gran barco que navega por mares desconocidos todo el tiempo. A veces naufraga en sus singladuras, pero nunca deja de emprender nuevas rutas para acercarse a lo que está más allá de las evidencias. Se nutre de los recuerdos, de las intuiciones, de los viajes y de esa necesidad de dejar algún trazo que nos sobreviva más allá de la carne y de nuestra propia ausencia. Yo recuerdo a José mirando todo el tiempo hacia el océano en aquella infancia lejana de Agaete. Creo que desde entonces ya estaba atisbando esas abstracciones tan parecidas a los espejismos y al mundo que soñábamos más allá del horizonte.