Rita Pulido, la brazada más larga

Marisol Ayala

Marisol Ayala

Nadie ha superado su proeza, madre e hija en una olimpiada. Nadó solo 7 años pero le dio tiempo de ser 48 veces internacional, ir a dos olimpiadas, Roma y Tokio. Sigue nadando. 

“A uno de mis hijos un día le preguntaron ¿cómo se llama tu madre? y dijo “Rita Pulido Campeona de España”. 

Nadie ha superado su proeza, madre e hija en una olimpiada. Nadó solo 7 años pero le dio tiempo de ser 48 veces internacional, ir a dos olimpiadas, Roma y Tokio. Sigue nadando. 

Rita Pulido Castro (1945) tenía 11 años cuando su hermano Octavio la llevó a la playa cercana a casa, “La playa de los Pulidos” la llamaban, situada donde hoy se levanta el Parque Romano. Allí chapoteaban ella y sus hermanos hasta que un día Octavio decidió que la chiquilla debía nadar mejor porque ya le ganaba a todos los niños de la playa; nadie sabe por qué razón, aunque Rita concluye que tal vez Octavio pensó que su hermana apuntaba maneras, “me llevó a la piscina Julio Navarro y le dijo a Quique Martínez, el entrenador de toda la vida, que me viera nadar. Yo me tiré al agua y zás, zás, zás. Cuando terminé Quique le dijo “me la quedó para mí”. Para los que no estén familiarizados con la natación habrá que explicarle que Quique Martínez siempre fue un grande de la natación, de hecho fue seleccionador y entrenador del equipo español de natación en varias ocasiones. Lo lógico era que una niña que daba sus primeras brazadas pasara antes por las manos del segundo entrenador, el recordado Argimiro García, que formaba a los nadadores en la disciplina del entrenamiento y luego la entrenara Martínez en el primer equipo. Rita rompió moldes. Su calidad era indudable.

Rita Pulido

Rita Pulido

Total que la niña/Rita comenzó a entrenar con nadadores que más tarde fueron leyendas de la natación española como la propia Rita: “Ah, pero yo estaba encantada de nadar con ellos aunque no tenía mucha consciencia de la importancia de todo aquello. Era una niña y para mí todo era un juego. Empecé a entrenar con 13 años. Era morenilla, ojillos achinados, pelo negro y menudita pero bueno, parece que mis brazadas eran rápidas y largas y que mis piernas se movían al mismo ritmo. Encima tenía buenos pulmones. Lo cierto es que estuve toda la vida a las órdenes de Quique”. Lo sorprendente es que solo dos años después, con 15 años, Rita Pulido fue seleccionada para formar parte del equipo español de natación que iría a la XVII edición de los Juegos Olímpicos en Roma, año 1960. En 100 y 200 metros libres pulverizaba los récords con el nadar elegante que la distinguió siempre lo que la convirtió en figura del equipo nacional y le granjeó mucha admiración. 

En la Olimpiada de Roma, Rita nadó los 100 metros libres en 1.10.0 y aunque fue eliminada batió el record de España de la distancia. Los recuerdos que tiene de su primera Olimpiada son los propios de la niña que era: “¡Quince años, imagina! Yo venía de una isla chiquita, isla lejana y estaba allí, en el Estadio Olímpico de Roma, desfilando, escuchando el himno nacional junto con mis compañeros que me cuidaban tanto, en fin, en una nube. Así viví las Olimpiadas, en una nube”. En esos juegos ocurrieron cosas que hicieron historias como personajes únicos. Por ejemplo Muhammad Alí comenzó a forjar su leyenda en esa olimpiada al igual que Abebe Bikila que ganaba el maratón corriendo descalzo o Wilma Rudolf que se llevó tres medallas oro; pero Rita dice que aunque le asombraron mil cosas hubo una que lo hizo especialmente y fue ver el equipo soviético. “Yo lo miraba todo con asombro, claro, pero en 1960 tener delante a aquellos deportistas con sus chandals azules y las iniciales de la Unión Soviética (CCCP) en el pecho impresionaba muchísimo. Además tenían un poderío físico imponente, tanto hombres como  mujeres”, cuenta. 

Pero lo mejor estaba por llegar. Cuatro años después “me llaman para ir a la Olimpiada de Tokio y aquello fue una experiencia más maravillosa que Roma si cabe por su exotismo, porque yo ya tenía un poco de experiencia y porque vivir una olimpiada es lo máximo para un deportista”. Acompañada de Jesús Cabrera y Nazario Padrón, espaldista y bracistas olímpicos, respectivamente, los tres salen de la isla el 12 de octubre de 1964 rumbo a una experiencia deportiva única. Rita hizo los 100 metros libres en 1.06.7 un magnífico registro para la época. A pesar de su buen resultado no logró pasar la eliminatoria y se despidió de los Juegos. Su serie la ganó la mítica nadadora australiana Dawn Fraser, posterior campeona olímpica en el país asiático. De Tokio tiene anécdotas como para escribir un libro. 

Una cosa es indudable; sus diez nietos tienen en la abuela Rita a la mejor contadora de historia: “Diez nietos, si, y son mi vida, junto a mis cinco hijos, claro. Pero yo no cuento mucho aunque cuando sale una conversación se comenta lo que conseguí y ya está. La natación me ha permitido conocer gente y países maravillosos sin embargo de las dos olimpiadas en las que participé la de Japón me deslumbró. Es otro mundo. Para empezar un día en la villa olímpica paseaba con la típica sombrilla japonesa cuando un fotógrafo me hizo una foto, como tantos otros que hacían fotos a todo. Yo no le di importancia pero al día siguiente cuándo veo mi imagen en la primera página de un periódico que vendía miles y miles de ejemplares, me sorprendió. Aquello me hizo tan popular en la villa que la prensa me seguía; entonces alguien dijo que me habían elegido Miss o algo así. ¡Nada, niña! Fue como te digo. Ah, y también esa foto grandísima la colocaron en la fachada de un edificio de ocho pisos o más. Tremendo”. 

Y de pronto un día cuando Rita tenía 19 años terminó una competición nacional y se retiró. Lo dejó todo por amor y se casó con Juan Manuel Pulido. De eso hace 50 años que han sido “de felicidad, con una vida plena, con un buen hombre y unos hijos estupendos. No eché nunca de menos los halagos, ni las corcheras. Sigo haciendo otros deportes y natación dos veces en semana. En casa somos muy deportistas de hecho mi hija Natalia nadó con España en Barcelona 1992 y ese día, en las gradas, estaba yo más emocionada que nunca. Me dio una cosa… ver a Natalia desfilando con el equipo nacional fue inolvidable. Lo más emocionante que he vivido en el deporte, la verdad”. ¿Y los niños de la casa han sabido lo que ha sido la Rita abuela o madre? “Siiii…un día le preguntaron a uno de mis hijos, aún pequeño, que cómo se llamaba su madre y dijo “Rita Pulido Campeona de España”. Lo que escuchó siempre.

Fuga de cerebros

Diego Gafo

Diego Gafo

La noticia de la semana ha sido el gran partido que hizo España en la Eurocopa frente a Turquía. El resultado final 3-0 deja a la selección clasificada para los octavos de final del torneo. Sí. Efectivamente, es una gran noticia, pero es solo fútbol. Y se lo dice alguien muy futbolero. Me gusta mucho el fútbol. Lo veo, disfruto cuando mi querido Racing de Santander gana —menos veces de las deseadas—, lo practico, no me canso de horadar la portería rival inmisericorde, y sobre todo, me divierte. Pero ya. Es solo fútbol. Diversión. Esparcimiento. Me niego a que tape la realidad que me rodea. No puedo cerrar los ojos y hacer que desaparezca.

Otra noticia, menos comentada esta semana, ha sido la de una alumna de Madrid que ha obtenido la segunda nota más alta en selectividad, con un 13,9 sobre 14. Excelente calificación. Imagino que estará recogiendo los frutos de su esfuerzo. Esta niña de 18 años, cuyo sueño es estudiar Bioquímica, está convencida de que cuando termine la carrera y quiera trabajar, deberá salir del país. Es consciente de que en España no tendrá posibilidades de encontrar un trabajo, máxime si su sueño es dedicarse a la investigación. No es un caso aislado. Ocupamos el puesto 83 de 109 en fuga de cerebros. El 27% de los premios Nacionales de Fin de Carrera han debido emigrar. Por supuesto, tampoco captamos talento exterior. Que inventen ellos que diría el gran Unamuno.

Es decir, la mejor generación de nuestra historia está abocada a emigrar si quiere trabajar. Gracias señores responsables por su ineptitud. Gracias por despilfarrar millones de euros en educación, para que miles de jóvenes deban ir a buscar trabajo fuera. Gracias por destrozar la ilusión, el esfuerzo, los sueños de nuestros hijos… No sé si son conscientes de que una sociedad analfabeta es una sociedad manipulable. Y recuerden que hay elecciones el día 26 de junio donde nos jugamos el futuro del país… Aunque evidentemente, esto carece de importancia. Lo único que nos preocupa es que España gane la Eurocopa. Todo un éxito. Si lo logramos, habremos conseguido entretener al populacho una temporada más. Pan y circo… hasta que se acabe el pan.

Piensen. Sean buenos.

La canción regalo de hoy viene de mi gurú musical de los últimos meses. Doña @BeatrizBagatela. No se cansa de enviarme joyas. En este caso, la elección es Run boy run. Corre chico corre. Este mundo no está hecho para ti. Correr es una victoria… Con todos ustedes: ¡Woodkid!

El accidente de Los Rodeos

Marisol Ayala

Marisol Ayala

Columna de hoy domingo en La Provincia.

Tengo idea de haber visto a un niño en el coche. Debía tener 6 o 7 años. Su madre aparcó y subió a mi casa. La estaba esperando. Era una mujer delgada, rubia y estaba asustada. Le había prometido entregarle una cinta que contenía la entrevista que le había hecho a su marido de manera que abrí la puerta y brevemente me explicó la importancia de aquella grabación. “Es suya”, le dije. La metí en un sobre y ella lo guardó al tiempo que justificaba su petición: “Cuando él me dijo que había hablado con una periodista me volví loca porque si lo que está grabado se publica, nos arruina la vida”. Tomamos café y le pregunté por qué su marido se había atrevido a conceder una entrevista cuyo contenido le llevaría ante un juez. Y me lo contó. “Mire, desde que ocurrió aquello se desquició; se siente culpable de la muerte de tanta gente y quería contar que fue él quien colocó la bomba en el aeropuerto de Las Palmas en marzo de 1977”. Hace casi 40 años. La explosión de esa bomba obligó a desviar aviones desde Gran Canaria a Los Rodeos provocando el choque de dos Boeing 747 en el que murieron 583 pasajeros. Era taxista y pertenecía al Movimiento para la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC).

Pasados los años un día me localizó y me pidió que lo entrevistara. Quería gritar que su intención era dar un susto y no causar la tragedia que provocó. Lo consulté con mis jefes y decidimos grabar la conversación. Era un tema muy delicado. Nos citamos en un piso de la Feria y allí, frente el grabador, contó quien le dio la bomba, dónde la fabricaron, quiénes le escondieron y en qué casa. Cuando la entrevista estaba media escrita, a punto de publicarse, su mujer se adelantó y no se publicó. No supe más de ellos.

Un verano en Ingenio un hombre años se acercó. “Usted no me conoce, yo a usted sí”. Era el hijo del taxista, el niño que creí haber visto en el coche. Me dio la dirección de casa como prueba de que sabía con quien hablaba. Conversamos un poquito. “Que sepa que de haberse publicado mi padre habría ido a la cárcel. Murió hace seis años pero nunca superó el dolor que causó; pero era un hombre bueno, créame”.

Qué miedo dan los salvadores