Mamá Takbar no se rinde; una mujer saharauí lleva año y medio reclamando el cadáver de su hijo

Marisol Ayala

Marisol Ayala


El 8 de febrero de 2015 el joven activista Haidala murió en una cárcel marroquí en circunstancias que no convencen a su familia.

Su madre protegida por un poster con la foto de su hijo se sitúa cada día frente a la Delegación del Gobierno en Canarias.

La ciudadana saharaui Takbar Haddi, 43 años, que el año pasado protagonizó una huelga de hambre de 36 días por lo que tuvo que ser ingresada y abandonar la protesta en demanda del cadáver de su hijo a las autoridades marroquíes, sigue frente a la Delegación del Gobierno en Canarias, en Las Palmas de Gran Canaria esperando una petición que no llega; que le devuelvan el cadáver de su hijo. Y así lleva 19 meses sentada bajo un árbol en la Plaza de la feria, frente a la Delegación del Gobierno, en su forma de protestar. Su hijo, activista, murió el 8 de febrero de 2015 en una cárcel de Marruecos.takbar1

Ni los días de lluvia, ni las desatenciones y desprecio del Gobierno de España y de Marruecos impide que Takbar Haddi continúe pidiendo justicia para su hijo, Mohamed Lamin Haidala de 21 años que fue agredido según denuncia la familia por cinco marroquíes que trabajaban en una tienda cercana a su casa. Dicen que “después no recibió los tratamientos médicos adecuados en el hospital y falleció a los pocos días de permanecer encarcelado. Su madre exige que le entreguen el cuerpo para practicarle una autopsia y “que se le abra un proceso judicial a los culpables”.

La Asociación Pro Derechos Humanos de España dice que Haddi decidió que la protesta se escenificara “ante la sede de la máxima representación en Canarias del Gobierno del Estado español que, según las resoluciones de la ONU, sigue siendo la potencia legalmente responsable del Territorio No Autónomo del Sáhara Occidental pendiente de descolonizar desde que Marruecos lo invadió en 1975”, concluyen.

Takbar

Takbar Haddi, con las fotos de su hijo

Takba estuvo un mes acampada ante el Consulado de Marruecos y el 2 de julio volvió a instalarse frente al Consulado de Marruecos en Las Palmas pero en esa ocasión la Policía le obligó a retirar de la calle las fotos de su hijo que ella y sus amigos mostraban a los viandantes. A partir de entonces “intentó continuar con su protesta pacífica ante el consulado marroquí pero la policía española la desalojó aplicando la nueva Ley de Seguridad Ciudadana”, aseguran desde la Asociación Pro Derechos Humanos de España.

Desde hace casi 20 meses, Takbar acude cada día a la Delegación del Gobierno de España en Canarias, en la plaza de la Feria de Las Palmas de Gran Canaria para continuar su lucha y recoger firmas por la causa. “No descansaré hasta que se haga justicia”, repite una y otra vez.

No obstante, su familia recalca que es de “justicia” que puedan recuperar el cuerpo del muchacho para hacerle una autopsia en España. De hecho, el abogado que lleva la causa, Eugenio Sánchez, de la Asociación Pro Derechos Humanos de España (APDHE), ha explicado que este país, como potencia administradora del territorio saharaui, es “responsable” y tiene la obligación de intervenir en el caso.

Con el respaldo de este colectivo, Takbar Haddi envió el pasado verano una carta al presidente del Gobierno de España Mariano Rajoy, entonces en funciones, contándole el caso y su reivindicación. El abogado afirma que la contestación a la misiva tardó tres meses en llegar y que “tan sólo” se limitaron a afirmar que “están preocupados con el tema de los derechos humanos y que están haciendo un seguimiento del mismo”.

Con una tijera le hicieron una herida en el cuello Recalca Takbak que su petición de justicia se traslada también a todo el pueblo saharaui, que "desde hace 40 años vive con miedo". Recuerda que su hijo era un joven activista muy comprometido en la lucha por los derechos de los saharauis, por ello, está convencida de que lo dejaron morir. Haidala recibió golpes y pedradas en el pecho y los brazos, además de una herida más grave que le hicieron en el cuello con unas tijeras y que su madre muestra a través de las fotos que siempre la acompañan. La policía tardó en llegar y en el hospital no fue sometido a las pruebas necesarias, le cosieron la herida “sin anestesia". Más tarde, fue detenido y estuvo hasta 48 horas en el suelo y sin mantas. Finalmente, el 8 de febrero falleció.

Con una tijera le hicieron una herida en el cuello a Haidala.
Recalca Takbak que su petición de justicia se traslada también a todo el pueblo saharaui, que “desde hace 40 años vive con miedo”. Recuerda que su hijo era un joven activista muy comprometido en la lucha por los derechos de los saharauis, por ello, está convencida de que lo dejaron morir. Haidala recibió golpes y pedradas en el pecho y los brazos, además de una herida más grave que le hicieron en el cuello con unas tijeras y que su madre muestra a través de las fotos que siempre la acompañan. La policía tardó en llegar y en el hospital no fue sometido a las pruebas necesarias, le cosieron la herida “sin anestesia”. Más tarde, fue detenido y estuvo hasta 48 horas en el suelo y sin mantas. Finalmente, el 8 de febrero falleció.

Takbar Haddi lamenta que la versión de los marroquíes siempre prevalece a la de los saharauis, que viven oprimidos en su propia tierra 40 años después de la ocupación. “Las cosas no han cambiado”, señala.

Takbar está agradecida con las personas que la están apoyando y que se acercan a su mesa en la plaza de La Feria para interesarse por la situación. Con las muestras de apoyo y por su espíritu luchador, confiesa que seguirá adelante con “un dolor muy grande” que le acompañará en su corazón hasta que consiga hacer justicia para Haidala.

El empeño por cambiar la historia (A propósito de la muerte de Blanca Naranjo Hermosilla)

 

Isabel Suárez

Isabel Suárez

Hace unos días se publicaron en La Provincia, en página completa, dos panegíricos a Blanca Naranjo Hermosilla, recientemente fallecida. En ellos se le considera que fue una destacada figura de la Sociedad grancanaria por haber sido concejala del Ayuntamiento de Las Palmas y Delegada Provincial de la Sección Femenina del Movimiento Nacional desde 1946 a 1977.

Formó parte del Ayuntamiento durante la mayor parte del Franquismo, desde 1942 hasta 1972, en un Ayuntamiento donde no había elecciones ni candidaturas que se votaran por la población. Los concejales no eran representantes democráticos, representaban al tercio familiar, el tercio sindical y el político. No es precisamente como para que una persona se sienta orgullosa por serlo o haberlo sido. Igualmente vivió toda la dictadura franquista siendo Delegada de la Sección Femenina en la provincia de Las Palmas.

El panegírico que se hace a esta señora es realmente una manipulación histórica. Quienes los firman afirman cosas como: “Realizó una gran labor de formación entre las jóvenes y las mujeres de la Sección Femenina”; “era una mujer muy preparada con mucha cultura…”; “creía que las mujeres están particularmente dotadas para determinadas tareas municipales”; “era una fiel servidora de la grancanariedad y de España”; “enseñó a muchas a hacerse mujeres de hogar, coser, cocinar, higiene, cultura, religión, amor a la familia…” En definitiva, “Gran Canaria pierde a una grande de España”.

Todo esto es, como mínimo, una burla e insulto a las mujeres de Canarias, que sufrimos el control y la persecución de un organismo como la Sección Femenina del Movimiento Nacional, nacido y usado durante casi 40 años para tener a las mujeres absolutamente dominadas. Para las mujeres del país existía doble control político: el del Movimiento Nacional a través de la policía, y el control de la Sección Femenina. Esta, además de los mecanismos ideológicos y económicos de opresión, inculcaba en las niñas y jóvenes los valores del Estado franquista que se asentaban sobre la autoridad patriarcal y la estructura jerárquica, como la sumisión, el sacrificio, la modestia… La familia volvió a centrarse nuevamente en la función procreadora del matrimonio, separó los roles de ambos sexos, marginó el acceso de las mujeres al mundo laboral y desarrolló, para ello, una educación distinta para niños y niñas, con materias diferentes y formación familiar y social acorde con los principios ideológicos de la Dictadura.

Todavía en 1976, en el comienzo de la transición política, había que pedir permiso a Blanca Naranjo para hacer cualquier reunión con mujeres. Así recuerdo haberlo hecho para convocar una reunión con el fin de formar una asociación de mujeres. Tuvimos que recurrir a conocidas comunes y tener una entrevista con ella para que no se opusiera.

Es difícil, con la visión actual, entender realmente lo que esto suponía para las mujeres que, en general, rechazaban este control.

En definitiva, nos negamos a aceptar semejantes alabanzas, que manifiestan un tufo rancio de añoranza de esa época pasada y no totalmente superada. Supone todo un empeño en querer cambiar la Historia y dar otra visión de la realidad, cosa muy común, últimamente, en determinados grupos de derecha recalcitrante.

La tribu de las ruedas

Marisol Ayala

Marisol Ayala

No son muchos pero sí los suficientes para no pasar desapercibos; llegan volando y no son pájaros, tampoco palomas. Vienen en rueda y no son coches, se escurren entre las manos y no son peces. Todos los hemos evitado ante la posibilidad de que se te echen encima y te rompan un hueso. Y no hablo por hablar. Es un fenómeno al que hasta ahora nadie ha puesto freno y deberían. Hablo de los “skateros”, es decir, de esos jóvenes y menos jóvenes que se suben a una tabla con ruedas y cuya habilidad para manejarla es evidente y divertirse, también lo será. Nada que objetar pero, claro, cuando en una sociedad unos pocos se divierten y el resto es intimidado, algo va mal. Esos chicos, la mayoría lo son, llegan trotando en sus skates a una velocidad respetable e invaden espacios, aceras, plazas o avenidas por las que transitamos quienes no usamos skates para movernos y sí dos piernas pero sin ellas en condiciones el estropicio físico y moral tiene un costo. Lo curioso es que los “skateros” tienen en la ciudad zonas exclusivas para ejecutar las más variadas piruetas sin atentar contra nadie pero como ellos son los chachis y nadie controla su conducta temeraria, aquí pan y en el cielo y nubes. Y las bicicletas, igual. Serpentean por las aceras y zonas peatonales avasallando a los peatones. No respetan nada.

Llevo tiempo observándoles y comprobando que el malestar que producen esos incívicos es extensivo a muchos viandantes en la certeza de que los “artistas” ponen en juego su integridad física. Empresarios del parque Santa Catalina, un grupo de comerciantes que viven de la paz de sus calles para atraer clientes, se han quejado al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria sobre el riesgo cierto que suponen los “skateros” alejados de los recintos adecuados para sus numeritos. Pera igual ocurre con las bicis. Sus propietarios están en la creencia de que la ciudad les pertenece y que los peatones somos obstáculos a esquivar. Hasta que un día a esos ciclistas les fallen los reflejos o reciban un empujón de protección y ocurra de nuevo lo que ya ha ocurrido en centenares de ocasiones en nuestra ciudad. Curiosamente cuando hace unos días comenté el asunto en las redes me sorprendió la cantidad de ciudadanos que han sufrido lesiones y fracturas por parte de esos energúmenos, la tribu de las ruedas.

A ver si el Ayuntamiento toma nota.

@marisol_Ayala