Archivo de la categoría ‘Sin Categoría’
Historias de sueños rotos
Pepe Aguilar. Periodista
Como a estas alturas los imagino hartos de tanta marea roja, vuvuzela, waka waka y del beso del portero a la periodista, voy a referirme hoy, sin abandonar el fútbol, a un caso que afecta a un joven búlgaro y criado en Gran Canaria. Martin Mario Kozhuharov despuntó en los equipos filiales del Vecindario y Las Palmas. Un ojeador local, comisionado por el Real Madrid, recomendó a este club su fichaje y el chico firmó un contrato por dos años. Por esas cosas del destino, el mismo día que debutaba con el cadete madridista, la madre de Martin Mario fallecía en el accidente aéreo de Barajas, cuando regresaba tras estar con su hijo en la capital de España.
El Madrid no fue ajeno a esta desgracia y garantizó, de palabra, que el joven jugador tendría un contrato vitalicio con el club. Lo cierto es que tras cumplir los dos años firmados, la entidad “merengue” no desea que el chico siga militando en sus filas, y ahora Martín se debate entre seguir en la Península o regresar a la isla y ayudar a su padre en el bar que este regenta. El caso del joven búlgaro no difiere al de otros chicos que, animados por representantes sin alma –que una vez cobran su porcentaje se desentienden de sus representados-, abandonan la isla en busca de dinero y fama, y suelen regresar sin ver sus objetivos cumplidos. Uno de los casos más sangrantes ocurrió con un chico de las Alcaravaneras, que fichó por el Real Madrid de baloncesto en su etapa juvenil, y luego volvió a Gran Canaria tras engancharse a las drogas.
Y es que por muchos cantos de sirena que oyen tanto padres como sus hijos deportistas, la historia se repite sin que se aprenda una lección que no es otra que la de intentar triunfar en su tierra y luego dar el salto al exterior, cuando ya se está convenientemente formado.
Cuando un adolescente despunta y es contratado por un “grande”, ocupa generosos espacios en la prensa deportiva. Por ello, es de agradecer también que periodistas como Paco Cabrera (La Provincia-Diario de Las Palmas) desvelen estas historias de sueños rotos, como el de Martín Mario, que puedan servir a otros de ejemplo de que en el deporte actual hay tantos intereses creados como gente sin escrúpulos que pulula alrededor del mismo.
Han envenenado a una enfermera

Imagen de una UMI
Ojo con columpiarnos de nuevo. El dedo acusador vuelve a señalar a una persona, un hombre, enfermero (Diplomado Universitario de Enfermería) adscrito a la Unidad de Medicina Intensiva del Hospital Insular de Gran Canaria como presunto autor de la muerte por envenamiento de su pareja, madre de su hijo. Ojo, ojo, ojo. ¿Que usó el presunto asesino de Laura González de 34 años?, un veneno que mata lentamente y que se encuentra en toxicos variados.
La noticia ha dado la vuelta a España desde que ayer la difundió en exclusiva el periódico CanariasAhora. Es verdad que todo apunta en esa dirección y el enfermero ha sido detenido, pero recuerden que hemos tenido malas experiencia ((caso Aitaina donde le endilgamos a un hombre honrado la muerte de una niña)) y en el que algún medio de comunicación de las islas tuvo que comérsela con papas.
Tengo buenos amigos en el ámbito sanitario donde han ocurrido los hechos, es decir en la UMI del Hospital Insular. Ayer hablé largo y tendido con varios ellos. Sus versiones son, como poco, para reflexionar antes de hacer acusaciones por un caso de suma gravedad como lo es el hecho de que alguien mate, presuntamente, a su pareja. Si así fuera, estariamos frente a la violencia de género más cruel por premeditada en este país. Envenamiento lento, poco a poco… Ayer conocí parte del informe forense practicado a la fallecida y parece que la acusación camina en buena dirección; evidentemente la fallecida había ingerido con cierta frecuencia, a juzgar por el citado informe, no solo sustancias tóxicas (metales) sino medicación no pautada.
España, ¿y ahora qué?

La bandera española muy presente estos días.
José M. Balbuena Castellano
Como estamos viendo, el deporte en algunas de sus modalidades, es capaz de unir a este pueblo convulso y atípico, bajo una misma bandera. Une mucho más que las actuaciones de nuestros políticos en general, que en determinadas ocasiones, suspenden en una asignatura tan importante como es el buen gobierno. Después de la euforia colectiva por el triunfo, apurado triunfo del equipo español, (se tuvo que recurrir a una prórroga para conseguirlo) volveremos a percatarrnos de la cruda realidad de este país, y especialmente de la de Canarias. La mediocridad política no sólo no nos une, sino que quedamos como un mal ejemplo, tanto para los ciudadanos como para el resto de las naciones. Consecuentemente, ese reflejo nos llega a esta autonomía atlántica aumentada, pero no corregida
El domingo, tan esperanzador para los que sustituyen el deporte por la realidad cotidiana, parecía que se repetía un poco las historias del pasado, las políticas imperiales que siempre dejan huella en la memoria de los pueblos, sobre todo si han sido machacados y sometidos a arbitrariedades e injusticias. En esta ocasión, valga el simil, las huestes de la casa de Orange, que preconizaba la independencia de los Paises Bajos, y además defendía el protestantismo, crueldad cayeron bajo la certera bota de Iniesta, que los sometía de nuevo, como si se tratara de una moderno Duque de Alba (Don Fernando Álvarez de Toledo) que tan mal recuerdo dejó en Holanda y Bélgica, a causa de su ya. Los holandeses peloteros se defendían a patada limpia, y a veces con peligrosos golpes de karatecas, o de protestas reiteradas, que al final de nada le valieron ese forma burda de practicar un deporte que debería ser noble. Como si tuviesen delante a un enemigo que no podían liquidar con la fuerza de las armas, pero sí con ese juego bronco y sucio.
Verano, tiempo de juegos

Niños de La Montañeta en una foto familiar.
Esteban Santana
Llega el verano, tiempo de ocio y diversión para muchos, sobre todo para los más pequeños de la casa. Pero les quiero hablar de los juegos de antes. Cada lugar tenía su variedad, por ello les cuento como jugaban en Tamaraceite los niños y niñas de hace setenta años. El lugar de recreo favorito de los niños era sin lugar a dudas la plaza, que yacía junto a la Iglesia, pero había otros como la carretera, el pilar, los charcos, etc. Muchos de los juegos tradicionales que aquí se realizaban son un verdadero documento etnográfico de nuestra cultura.
Las diferencias entre los juegos femeninos y masculinos eran notables, chiquillos y chiquillas no se revolvían salvo escasas excepciones. Cuentan que uno de estos juegos consistían en subir los peldaños de la escalera de la plaza con las manos, haciendo el pino. Pero el Palito Salvo era de los preferidos. Se formaban dos equipos y se colocaban en un rincón. Un jugador llevaba un palo en la mano y debía tocar la pared sorteando a los del bando contrario, su bando entretenía a los contrincantes, una vez que conseguía burlarlos tocaba la pared al grito de “¡palito salvo!”.
Planto era otro de los juegos en que la rapidez y la audacia era imprescindible. Se jugaba con ocho niños, seis de ellos se colocaban en diferentes puntos mientras otros dos corrían. Uno de ellos, el perseguidor, tenía un cinto en la mano; el perseguido corría cuanto podía evitando ser golpeado por los cintazos que le propinaba el otro. Cuando el perseguidor se cansaba, a modo de relevo entregaba el cinto a otro jugador sin que el que huía se enterase, de manera que el desesperado corredor no sabía a ciencia cierta de quien debía huir, alguno se llevó buenos cintazos. El nombre del juego viene del grito que lanzaba el perseguido para pararse y que otro siguiera corriendo y éste era planto.
Asimismo en Calimbre también se formaban dos equipos con un corredor cada uno. El gran grupo corría, cuando era capturado al aviso de “calimbre” era colocado en una especie de cárcel. Ganaba aquél que tuviese más cautivos, una variante de este juego era Pincho la Uva, se desarrollaba igualmente pero en lugar de “calimbre” se decía “pincho la uva”.
Hablaremos de televisión, sanidad, políticos, actualidad y vivencias. Quedan invitados a compartir opiniones




















