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¡Qué bonito es mi Teror…!. La tradición de la parranda.
Ana Mª Zarzo R.
La noche del viernes, ya entrando en el sábado, los amigos, los vecinos de Teror, iniciábamos la ya tradicional y entrañable “Serenata de los balcones”, así se vive la preparación de la gran fiesta de Nuestra Sra. Del Pino, nuestra PATRONA.
Son muchas y variadas las reflexiones que se pueden hacer de este momento y todas buenas, desde la organización, hasta el espíritu de blanca alegría y la excelente participación. Lo principal para mí, y creo que para todos los asistentes, es la experiencia de algo que por su sencillez es grande, que solo se puede mirar desde el corazón, los sentimientos que llegan y se expresan desde los sentidos.
No es la primera vez que asisto a este evento, no soy de Teror, pero en este paseo por sus calles viviendo un “tenderete andante” te sientes no solo lugareño, también parrandero aunque, el don de la música, no te haya sido concedido. Marchas, paseo y paradas, serenatas a los pies de los diferentes balcones engalanados y que en respuesta obsequiaban con unos elementos que ayudaran al camino: una botellita de ron o unos refrescos, unos bizcochos y aquello que se crea oportuno, hay que decir que es momento esperado y el descenso del cestillo o el lanzamiento de la botella es aplaudido por todos, ya que todos vamos participando del mismo.
Llora la mina
Elisa Rodríguez Court
Ningún verso en estos momentos más estremecedoramente bello que el pronunciado por uno de los mineros enterrados bajo 700 metros de profundidad en el desierto chileno. “Llora la mina” le advertía a su mujer días antes de ser atrapado en las entrañas del infierno. Un verso tan hermoso como doloroso por referirse a los desprendimientos de roca. El derrumbe era previsible y no por culpa del mineral, sino por los responsables de este género de tragedias que se cuecen en tierra firme. Los mineros necesitan trabajar sin descanso para la supervivencia de sus hijos, aún sabiendo que arriesgan la vida.
Copiapó, lugar donde quedaron atrapados los mineros, parece también un nombre bello. Significa: Copa de Oro. Ninguna denominación más certera para ese oasis donde florece el desierto, si no fuera porque en la realidad éste está en manos de cuellos blancos que lo descorazonan.
La mina lloraba y el polvo cegaba a los mineros. Ni una sola escalera para salir por la chimenea. Se ocultó la información del derrumbe durante horas y, considerándose ya muertos a los mineros, fueron ellos mismos los que en la oscuridad pintaron de rojo el tubo que volvería a la superficie. Una señal de que estaban vivos y dispuestos a no rendirse. Por eso convierten en hogar su diminuto y quebradizo refugio. En palabras suyas, de acento entrañable, se han hecho con cartoncitos para acomodarse, cediendo los mejores a los más débiles. Han inventado cajoncitos para su pastita de dientes y cepillos; y de un tomadero de agua reciben agüita para sus caritas. Todo está organizadito. Juegan al dominó y a los dados, platican y organizan su existencia. Son ellos, quienes se hacen hueco en el vacío, ¡ay!, los que tranquilizan a sus familiares en el exterior para que no sufran.
Las calenturas sin sol (del trío de las Azores al IBI)
Carlos Juma. Médico neurólogo
La prepotencia, soberbia y pavoneo no son armas para la diplomacia.
Y eso se supone que lo debe saber el presumido cachas de la derecha cavernícola y sus cómplices por silencio, digamos que hablo de Ánsar y sus sicarios.
Ánsar, de la casa de la Pradera, que es lugar de seguro yantar para quienes tienen el grave problema de la dureza y a la par fragilidad del mármol, está lleno de adorables florecillas con las que saciar su impertinente hambre de estar en la actualidad a través de los medios y cuartos de la buena corrida de toros, claro, de toros.
Prefiero, puestos al habla, el devaneo del frágil bambú al que no hay viento que lo tumbe por su demostrada habilidad para contorsionarse.
Estará contento este homínido cachas perteneciente diz que al linaje humano por la retirada norteamericana de Irak. Más bien estará que trina el pajarín.
Por fin hemos hecho desaparecer al tiburón de Saddam Hussein para cambiarlo por una sardinita (cuyo significado es Luz del Rey, Nur al Maliki), y los hijuelos de los siete enanitos petroleros.
Sres. Bush, Blair y Aznar, ahí es nada, intercambiando barriles de petróleo con otros tantos llenos de sangre inocente. ¡Las mordidas del perro la arreglamos dándole una patada en el culo! Una guerra absolutamente delirante, con la convicción propia de la esquizofrenia de estos tres señores criminales de guerra. Naturalmente que no se arrepienten: faltarían al principio fundamental de los delirantes psicóticos, la convicción.
La UD hace el ridículo a nivel nacional
Pepe Aguilar. Periodista
El encuentro retransmitido este miércoles para toda España por Marca TV fue la ocasión propicia para que la UD Las Palmas hiciese el ridículo a nivel nacional, y no precisamente por su derrota (5-3) ante el Real Valladolid en el estadio ‘Nuevo José Zorrilla’, en la eliminatoria a partido único de la primera ronda de la Copa del Rey. Independientemente de que el técnico Paco Jémez alinease de entrada a numerosos jugadores llamados a ser suplentes por su inexperiencia o por su alarmante baja forma, los periodistas del citado canal televisivo -entre ellos Paco García Caridad, que empezó su trayectoria profesional en Gran Canaria- no salían de su asombro al ver la estrafalaria indumentaria de la UD.
Comentarios jocosos como “el equipaje ha sido diseñado por uno de Tenerife” o “parece que la equipación pertenece a los miembros de una compañía aérea”, entre otros, pudieron oírse durante el transcurso del partido por parte de unos narradores que se extrañaban de cómo era posible que la UD no hubiese utilizado su uniforme habitual, “con lo bonito que es”. Y es que más allá de la modernidad y atrevimiento que, según el responsable de la marca que viste a la UD, caracteriza a esta tercera equipación, desde el club debería ponerse coto a estos desmanes, que perjudican considerablemente a una entidad que tanto ha brillado en sus 61 años de historia.
En otra época, ya algo lejana en el tiempo, en el que no se le daba importancia al marketing para vender equipajes y la televisión sólo podía verse en blanco y negro, la UD cambiaba el tradicional amarillo de su camiseta por el azul o rojo, para diferenciarse del contrario en la pequeña pantalla.
El sábado la UD lucirá dignamente los colores blanquinegros del Real Club Victoria, en conmemoración del centenario de uno de los cinco clubes que se unieron para crear el representantivo canario, y a la siguiente jornada volverá a actuar con el tradicional amarillo y azul que identifica a los jugadores y aficionados de la UD. Esperemos que esta tercera equipación se extravíe en el viaje de vuelta, o se le regale directamente a los componentes de una comparsa, que seguro que lo agradecerán bastante.




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