Archivo del 1 de Julio de 2010

Todo queda en casa

Cristóbal D. Peñate

El presidente del PP de Canarias, más que su líder parece su dueño, el hombre que hace y deshace a su antojo todo lo que tenga que ver con la marca del partido. Cualquier sugerencia suya es una orden. En la legislatura pasada colocó a su hermano Luis de consejero de Industria y Comercio. En la actual se ha colocado él mismo como vicepresidente y consejero de Economía y Hacienda. Ya en ese puesto ha dado el visto bueno para que su cuñado Héctor Benítez, un técnico de la empresa pública Proexca, siga cobrando 100.000 euros al año. Sólo en el tiempo en el que José Manuel Soria ocupa su cargo en el Gobierno, apenas tres años, su cuñado se ha embolsado 300.000 euros, cincuenta millones de las antiguas pesetas.

Soria, por si no lo recuerdan, es el mismo que pide austeridad en el gasto, el que niega dinero a los cabildos porque él ya no preside uno de ellos, el que ha prometido ahorro público reduciendo sueldos y coches oficiales. Hasta el momento, todas sus promesas han quedado en papel mojado, como es tónica habitual en todo lo que hace y dice.

Es muy fácil llenarse la boca con promesas vanas y disparar con pólvora del rey. El hombre que administra nuestros dineros y nuestras haciendas debe ser, como mínimo, consecuente y responsable, pero él no lo es. Ha demostrado que sigue siendo el mismo cachanchán que llegó a la alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria en 1995. Donde pisa Soria, emulando a Atila, ya no vuelve a crecer la hierba, entre otras cosas porque cuando fue alcalde se dedicó a pintar de verde el césped en vez de revitalizarlo. Como ciudadano no tengo ninguna confianza en este político tramposo y tahúr del Mississippi. En cambio, si fuera familiar suyo lo adoraría porque sé que jamás me dejaría tirado.

Familia que trabaja unida siempre permanecerá unida.

Doble o nada

Portada del libro "Doble o Nada" una de cuyas autoras es Elisa R. Court

Portada del libro "Doble o Nada" una de cuyas autoras es Elisa R. Court

Elisa Rodríguez Court

Hay libros cuyos protagonistas nos miran de lleno a los ojos y hacen tambalear el universo de nuestras convicciones. Son personajes que se mofan de nosotros, nos remiten a nuestra existencia fantasmagórica y se ríen de nuestro ego, ese “yo” al que tenemos tanto aprecio y que sólo existe en la gramática. Nos dicen que no por parecer el mismo dejamos de ser otro, y viceversa. Somos “Doble o nada”, tal y como se insinúa a lo largo del recién publicado libro de relatos que lleva esta disyuntiva por título. Un dilema que hunde sus raíces en tiempos remotos en que ya la imaginación humana fabulaba con la figura del doble como aquel que se ve a sí mismo o camina al lado. De ahí la variedad de sus denominaciones: la sombra, el reflejo, el otro, el anverso, el desdoblamiento, el gemelo, el fingidor, la réplica.

“Doble o nada”, con prólogo de Enrique Vila-Matas, la portada de Jero Maldonado y editado por Huerga y Fierro, se compone de 23 relatos de autores procedentes de ámbitos profesionales diversos. Los dobles danzan por las páginas de este libro en sus distintas variantes y bajo diferentes perspectivas y estilos. Les une esa perturbadora facultad de desafiar el tiempo y el espacio, así como la de encararse a la confortante y unitaria concepción de la naturaleza humana.

Somos “Doble o nada”. Por eso no solo los espejos deberían pensárselo dos veces antes de devolver una imagen, sino también nosotros desconfiar de los reflejos. Porque, además, ¿cuál es el mundo original y cuál el de sus copias? Ambos universos parecen batirse en duelo a lo largo de los relatos de este libro. La progenitura se tambalea en esos momentos en que una de las partes se siente amenazada por la otra, como si cada contendiente considerase al otro como un hermano bastardo que apareciese para apearle del trono.

La odisea de los canarios en Texas y Luisiana

Portada del libro La Odisea de los canarios en Texas y Louisiana

Portada del libro La Odisea de los canarios en Texas y Louisiana

Introducirse en este libro La Odisea de los canarios en Texas y Luisiana supone una aventura para los lectores porque sentirán de lleno las vivencias y experiencias de aquellas familias canarias que decidieron cruzar el charco para trasladarse a las tierras americanas. Allí había incógnitas, peligros, tierras áridas, pero también terrenos fértiles y de promisión. Un viaje a América nada grato, metidos en aquellas irrespirables bodegas de los frágiles galeones, sintiendo el mareo o los malos olores. Zarandeados a veces por el viento, el oleaje, las tormentas o desesperados en medio de una calma chicha, hasta que de nuevo los alisios los empujaban de nuevo hacia la costa de Cuba, y posteriormente a Nueva España, que es como se llamaba México, para culminar, por tierra, el periplo en el sur de lo que más tarde sería, a base de expolios o compras, los Estados Unidos de Norteamérica.

Aunque los canarios colonizaron otros territorios y fundaron diversas poblaciones en Cuba, en Puerto Rico, en Uruguay, en esta obra se detalla preferentemente la creación de diversas localidades en el Delta del Misisipi, en el estado de Luisiana, y la fundación de la ciudad de San Antonio de Texas, en torno a la misión que fundó el misionero franciscano Antonio de Olivares, que había nacido en la población onubense de Moguer.

El libro fue prologado por Antonio Cruz Caballero (q.e.p.d), abogado, ex-director del Patronato de Turismo de Gran Canaria, ex-director general de Justicia y Consumo del Gobierno de Canarias, que visitó aquello lugares y propició que aquellos descendientes de canarios volvieran a Canarias para conocer sus raíces y reencontrarse con posibles parientes.

José Manuel Balbuena Castellano ha tenido la originalidad de unir el pasado con el presente y exponer clara y sencillamente las más importantes gestas de los colonos canarios”, dice cruz Caballero en el prólogo. Por otra parte, Lucía Cavallero García, hija y nieta de emigrantes, técnica de Empresas y Actividades Turísticas, especializada en Protocolo y Relaciones Institucionales, señala que “el canario fuera de sus islas tiene capacidad de integrarse en el lugar que lo recibe, sin olvidarse por ello de su tierra de origen” Termina diciendo que “los canarios, al fin y al cabo, somos como las islas que habitamos: apenas un paso de viajeros, hermoso eso siempre, en el corazón del mar. Así podemos comprender que desde los años 50 el archipiélago comenzara a experimentar el fenómeno turístico, debido en gran medida a la bonanza del clima, y la amabilidad de su gente”.

Marisol Ayala
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