Archivo del 6 de Julio de 2010
Maradona: “solo una foto, pibe”

Maradona con Alberto Ismael Placeres Suárez
Armando Marcos. Periodista.
El fútbol, como la vida, es una caja de sorpresas. Son como los bombones: nunca se sabe lo que hay dentro. El naufragio de Argentina frente a Alemania (0-4) nos enseña que las estrellas también se apagan. Los naufragios son imprevisibles, y en el estadio Green Point de Ciudad del Cabo ante 64.000 espectadores, naufragó el conjunto de Maradona, El Pelusa. Es injusto si lo miramos desde el lado que nos toca si de verdad llevamos la camiseta albiceleste en una parte de nuestro corazón. En el fútbol lo que cuenta son los triunfos y ganó la selección de Löw que ofreció un recital de goles a la alemana. Uno, qué quieren que les diga, se siente triste porque Argentina es como un tango que todos llevamos dentro.
Hoy, unos días después de la caída de la albiceleste, el tango está de luto como La Cumparsita que llora por las callejuelas de Buenos Aires buscando su alma herida. Lo siento por Diego Armando Maradona: el mejor jugador de todos los tiempos. Este Mundial era su futuro personal y la esperanza de su vida. Porque, Maradona, el león herido, el mito y el genio elevado a los cielos gracias a ‘su’ mano de Dios, necesita la alegría de la vida para poder vivir sin que su otra vida se marchite.
Pero, para un hombre que viene de la magia del fútbol donde fue estrella de la galaxia de los triunfadores aclamado por todo el mundo, los fracasos lo convierten en un héroe vencido, roto. Para Maradona, no hay consuelo que valga. Para Argentina y los argentinos, las lágrimas no cierran las heridas de la derrota en este Mundial de Sudáfrica en el que han caído selecciones tan potentes y otrora casi invencibles como Italia, Francia, Argentina o Brasil. La Verde-amarela» o «La Canarinha, ya no tiene estrellas en su firmamento como aquellos astros que, aunque ya apagados por el paso del tiempo, permanecen vivos en nuestros recuerdos: Didí, Garrincha, Zico, Rivelino, Tostáo, Sócrates, Jairzinho, Gerson, Falcáo, Romario, Rivaldo, Ronaldo o Pelé, su jugador más emblemático considerado y reconocido por la FIFA como el mejor futbolista de todos los tiempos.
Cristiano Ronaldo: el astro mimado

Cristiano Ronaldo.
Pepe Aguilar. Periodista
Una de las imágenes –para olvidar- que dejará el Mundial de Fútbol de Sudáfrica que concluirá este próximo fin de semana es el escupitajo de Cristiano Ronaldo a una cámara de televisión, tras la eliminación de Portugal por parte de España. Lejos de asumir su pésima actuación en el evento sudafricano, la estrella lusa tuvo ese gesto despectivo cuando se retiraba al vestuario, muy diferente a los llantos de otras estrellas como Messi y Kaká, quienes tampoco brillaron con Argentina y Brasil.
Además, interrogado por la debacle portuguesa, un Ronaldo muy molesto contestó que le hiciesen esa pregunta al seleccionador Carlos Queiroz, a quien pretendía culpabilizar de la derrota. Indiscutiblemente, el multimillonario futbolista portugués es un formidable jugador, aunque lo pierden su soberbia y egolatría dentro y fuera del terreno, más propias de un astro mimado. Bien diferente es el comportamiento de las otras dos estrellas citadas, que están muy alejadas de la vida glamourosa y el comportamiento de divo caprichoso del que hace gala Ronaldo, quien, al igual que Maradona, parece querer situarse por encima del bien y del mal.
Lástima que Ronaldo no vaya a tener tampoco un buen consejero en el banquillo la próxima temporada, pues Mourinho no es precisamente un ejemplo de persona humilde. El técnico madridista, de hecho, está en las antípodas de, por ejemplo, un Vicente del Bosque que tachó a Maradona de ser “un poco pesado”, tras las críticas reiteradas del argentino al juego que practica España, o de un Johan Cruyff que, sin que nadie se la reclamase, devolvió al FC Barcelona la insignia que lo acreditaba como presidente de honor del club, nombramiento del que incomprensiblemente fue destituido por la nueva junta directiva que preside un tal Sandro Rosell.
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