Archivo del 13 de Julio de 2010
Olga Guillot, la madre del bolero

Olga Guillot
Eduardo Moreno “Chachón”
Dicen las crónicas, que la música en Cuba fue anterior a otras artes de la isla – literatura y pintura – y por ello, tuvo un desarrollo mucho más rápido que aquellas otras formas de expresión artísticas. Alejo Carpentier expone en su libro “la música en Cuba”, que fue en 1.598 cuando se da a conocer en la isla la primera composición musical autóctona, “son de la Ma Teodora”, oriunda de la región oriental. Y en referencia a la procedencia de los géneros musicales, recoge el siguiente texto de una gacetilla titulada “el regañón de La Habana”: a la tercera contradanza, los bayladores habían dexado a un lado todo juicio y cordura.
Es pues la contradanza (country dance) europea, que luego derivara en la contradanza criolla, el primer género musical como tal que acontece en Cuba. Enseguida toma auge y se baila durante los conciertos, una vez que ha finalizado el “baile serio”. Luego, aparece la canción habanera (la habanera, muy probablemente antecesora del tango) de la mano de su impulsor Manuel Samuel. Ya en 1.879 se estrena en el liceo de Matanzas el primer danzón –palabra, aumentativo de danza- conocido, titulado “las alturas de Simpson” cuyo autor fue Miguel Failde. Se puede deducir pues que La contradanza y la habanera tienen mucho que ver con el bolero. Pero realmente, su antecesor es el danzón. La contradanza se bailaba en grupo y el danzón, por parejas abrazadas y en un espacio reducido.
No pretendo escribir aquí sobre la historia del bolero. Solo he querido informar, someramente, de donde parece proceder este género musical para tener una referencia sobre la verdadera intención de este escrito que no es otra que la de ofrecer mi reconocimiento público a Olga Guillot, la gran cantante nacida en Santiago de Cuba, que se ha ido a cantar a otros mundos perdiendo así el bolero a una de sus más afamadas cultoras e intérpretes, aunque nos queden su voz y sus canciones. Les dejo pues, para quien lo quiera leer, unos pequeños aunque imborrables recuerdos a modo de pequeña y resumida referencia de esta gran artista, de la que se dijo era “la madre del bolero”.
Fue una de las primeras cantantes cubanas que yo escuché allá por mediados de los sesenta, cuando un servidor empezaba a coger “tino” en esto de la música y escuchaba radio Las Palmas y radio Atlántico. En aquel famoso programa “la ronda” al que mucha gente llamaba para dedicar canciones, Olga Guillot era una de las intérpretes que más “sonaba” con sus boleros.
España, ¿y ahora qué?

La bandera española muy presente estos días.
José M. Balbuena Castellano
Como estamos viendo, el deporte en algunas de sus modalidades, es capaz de unir a este pueblo convulso y atípico, bajo una misma bandera. Une mucho más que las actuaciones de nuestros políticos en general, que en determinadas ocasiones, suspenden en una asignatura tan importante como es el buen gobierno. Después de la euforia colectiva por el triunfo, apurado triunfo del equipo español, (se tuvo que recurrir a una prórroga para conseguirlo) volveremos a percatarrnos de la cruda realidad de este país, y especialmente de la de Canarias. La mediocridad política no sólo no nos une, sino que quedamos como un mal ejemplo, tanto para los ciudadanos como para el resto de las naciones. Consecuentemente, ese reflejo nos llega a esta autonomía atlántica aumentada, pero no corregida
El domingo, tan esperanzador para los que sustituyen el deporte por la realidad cotidiana, parecía que se repetía un poco las historias del pasado, las políticas imperiales que siempre dejan huella en la memoria de los pueblos, sobre todo si han sido machacados y sometidos a arbitrariedades e injusticias. En esta ocasión, valga el simil, las huestes de la casa de Orange, que preconizaba la independencia de los Paises Bajos, y además defendía el protestantismo, crueldad cayeron bajo la certera bota de Iniesta, que los sometía de nuevo, como si se tratara de una moderno Duque de Alba (Don Fernando Álvarez de Toledo) que tan mal recuerdo dejó en Holanda y Bélgica, a causa de su ya. Los holandeses peloteros se defendían a patada limpia, y a veces con peligrosos golpes de karatecas, o de protestas reiteradas, que al final de nada le valieron ese forma burda de practicar un deporte que debería ser noble. Como si tuviesen delante a un enemigo que no podían liquidar con la fuerza de las armas, pero sí con ese juego bronco y sucio.
Hablaremos de televisión, sanidad, políticos, actualidad y vivencias. Quedan invitados a compartir opiniones



















