Archivo del 19 de Julio de 2010
¿Somos gordos, estamos gordos?

La doctora Inmaculada Bautista en su consulta.
Inmaulada Bautista.
Medico Nutricionista. Icamen
Llevo 20 años adelgazando a personas, o al menos intentándolo. Hace 2 días me encontré con un antiguo paciente en un restaurante, y mirándome me dijo, “pues ya ve doctora, yo como dice un amigo mío, no estoy gordo, soy gordo. También he observado que cuando por primera vez acompaño a un paciente a mi despacho, tengo la costumbre de empezar nuestra relación médico-paciente preguntándole: ¿como se encuentra?. Bueno pues en muchos casos la respuesta se sintetiza en una sola palabra: “gordo/a”. No me dicen bien, mal, regular, nervioso…me dicen “gordo”.
Hago estas reflexiones porque realmente, la pregunta es esa: ¿estoy o soy gordo?. Si estoy gordo, es que puedo no estarlo, pero si soy gordo…la cosa es más peliaguda.
Todos conocemos familias de gordos, los “gordos de toda la vida”, que desde pequeños han luchado infructuosamente contra este estado. Son los que “son gordos” Todos conocemos también “nuevos gordos”, aquellos que te comentan en la primera consulta que “se casaron con 49 kg fíjese usted, y mire como me he puesto”, o los que han engordado a raiz de dejar de fumar, de un embarazo o a raiz de dejar de hacer deporte, por ejemplo. Estos son los que “están gordos”.
¿Qué por que les cuento todo esto?. Pues porque hemos podido observar con los instrumentos que la ciencia nos proporciona (la epidemiología), que aquellas personas que iniciaron su obesidad desde la infancia y que además tienen alguno de sus padres obesos, tienen menos posibilidades de acabar con éxito un tratamiento para la obesidad. Que además el fracaso en dietas previas, predispone al fracaso, y sobre todo si son jóvenes y mujeres. Nuestro metabolismo está preparado para la hambruna, no para la abundancia. Y probablemente esa tendencia a recuperar el peso perdido después de un tratamiento para adelgazar, bajando la capacidad de quemar energía, que es un mecanismo de supervivencia de la especie humana, esté más acusado en los que “son” que en los que “están”. También esa tendencia a celebrar las penas y las alegrías de la misma manera, comiendo más, esté más acusado en los que “son” que en los que “están”.
Probablemente la humanidad ha sobrevivido gracias a los que “son”, que han sido capaces de resistir a un déficit de caza de mamuts, o a una mala cosecha en el medievo. Los que están se morían casi seguro. Y ahora, mira por donde, los descendientes de aquellos privilegiados, se sienten mal, se enferman, se mueren porque “son gordos” mucho antes y en peores condiciones. Reflexionemos sobre el tema porque nos va en ello la esperanza de acabar con nuestro exceso de peso: ¿somos o estamos gordos?.
Esa, es la cuestión.
Historias de sueños rotos
Pepe Aguilar. Periodista
Como a estas alturas los imagino hartos de tanta marea roja, vuvuzela, waka waka y del beso del portero a la periodista, voy a referirme hoy, sin abandonar el fútbol, a un caso que afecta a un joven búlgaro y criado en Gran Canaria. Martin Mario Kozhuharov despuntó en los equipos filiales del Vecindario y Las Palmas. Un ojeador local, comisionado por el Real Madrid, recomendó a este club su fichaje y el chico firmó un contrato por dos años. Por esas cosas del destino, el mismo día que debutaba con el cadete madridista, la madre de Martin Mario fallecía en el accidente aéreo de Barajas, cuando regresaba tras estar con su hijo en la capital de España.
El Madrid no fue ajeno a esta desgracia y garantizó, de palabra, que el joven jugador tendría un contrato vitalicio con el club. Lo cierto es que tras cumplir los dos años firmados, la entidad “merengue” no desea que el chico siga militando en sus filas, y ahora Martín se debate entre seguir en la Península o regresar a la isla y ayudar a su padre en el bar que este regenta. El caso del joven búlgaro no difiere al de otros chicos que, animados por representantes sin alma –que una vez cobran su porcentaje se desentienden de sus representados-, abandonan la isla en busca de dinero y fama, y suelen regresar sin ver sus objetivos cumplidos. Uno de los casos más sangrantes ocurrió con un chico de las Alcaravaneras, que fichó por el Real Madrid de baloncesto en su etapa juvenil, y luego volvió a Gran Canaria tras engancharse a las drogas.
Y es que por muchos cantos de sirena que oyen tanto padres como sus hijos deportistas, la historia se repite sin que se aprenda una lección que no es otra que la de intentar triunfar en su tierra y luego dar el salto al exterior, cuando ya se está convenientemente formado.
Cuando un adolescente despunta y es contratado por un “grande”, ocupa generosos espacios en la prensa deportiva. Por ello, es de agradecer también que periodistas como Paco Cabrera (La Provincia-Diario de Las Palmas) desvelen estas historias de sueños rotos, como el de Martín Mario, que puedan servir a otros de ejemplo de que en el deporte actual hay tantos intereses creados como gente sin escrúpulos que pulula alrededor del mismo.
Hablaremos de televisión, sanidad, políticos, actualidad y vivencias. Quedan invitados a compartir opiniones



















