Obsolescencia programada

María Sánchez Lozano

No recuerdo cuando entró en casa nuestra primera lavadora, porque afortunadamente, el invento de este electrodoméstico y su comercialización masiva fue muy anterior a mi llegada a este mundo, pero si sé, porque mi madre no se cansa de repetírmelo, que tan imprescindible utensilio tardó más de veinte años en romperse. Y lo mismo ocurrió, al parecer, con nuestra primera nevera. Y con nuestro primer televisor. Y es más que probable que con una docena de cosas más… Pero ahora resulta que ya es casi un milagro que cualquier electrodoméstico o aparato electrónico, grande o pequeño, sobrepase los cuatro o cinco años de vida.

Por otra parte, ¿qué mujer no ha soñado alguna vez con unas medias en las que no se formen esas horribles “carreras” al más leve roce con cualquier objeto mínimamente punzante? ¿Quién no ha pensado en más de una ocasión que las bombillas se funden con demasiada facilidad? Pues que sepan ustedes, señores míos, que todo eso ya lo había pensado también el listo de turno, y prácticamente al poco de que se inventaran esos objetos de uso tan cotidiano, además. Y entonces, ¿cómo es que no podemos disponer de ellos en el mercado? ¿Por qué no se comercializaron? Pues porque a los propios fabricantes no les interesa. Así de sencillo.

Se llama obsolescencia programada y está presente en todos los productos que consumimos en la sociedad moderna. Desde ordenadores, radios, televisores o lavavajillas, hasta pantys para señoras, coches e incluso muebles; la lista es prácticamente interminable. La mayoría de los utensilios de uso imprescindible en nuestra rutina diaria están convenientemente diseñados para que tengan un tiempo de duración determinado, que varía en base al producto en sí y cuya longevidad ha sido estudiada minuciosamente por genios del marketing, ingenieros, químicos y sobre todo, economistas, claro, en base a las necesidades de consumo imperantes, las rotaciones de stock y por supuesto, la situación financiera de nuestra sociedad siempre cambiante.

¿Y cómo puede hacerse algo así? Se preguntarán ustedes, como lo hice yo cuando oí hablar de ella la primera vez. Pues para no entrar en tecnicismos que ni la mayoría de ustedes ni yo misma entenderíamos, les daré un ejemplo cercano: ¿Recuerdan aquellas películas de espías en las que los mensajes que recibía el protagonista se autodestruían pasados diez segundos? Nueve, ocho, siete… Pues la obsolescencia programada viene a ser algo así: Insertan una orden, o bien informática, en los productos más sofisticados, o bien mecánica en utensilios más rudimentarios, que determina el número de usos que éste va a tener. Y llegado el momento señalado por el fabricante, el producto se rompe, obligándonos a comprar uno nuevo y haciendo que cada uno de nosotros contribuya a que el bien engrasado engranaje de nuestra sociedad de consumo continúe funcionando y, de esta manera, que nuestra “boyante economía” (ojo a las comillas) se mantenga a flote.

Interesante, ¿verdad? Si quieren saber más sobre el tema, les recomiendo que vean este documental (pinchar aquí).

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7 respuestas a Obsolescencia programada

  1. Mensa dijo:

    Claro que es así María; de lo contrario no podrían seguir fabricando y se perderían muchos puestos de trabajo, por ejemplo. En cualquier caso, como los electrodomésticos de antes …Un saludo

  2. Herminia Pimentel dijo:

    Cuando mi madre compro la lavadora, las vecinas venían a ver como lavaba el cacharro aquel. Y cuando se trajo la fregona fue la bomba, era un desfile de mujeres a ver cómo diablos se podía fregar el piso sin mojarse las manos jajjajajjaja

  3. Maite Lacave dijo:

    Ya que nos programan la vida, podían hacerlo bien y no dejar que la “obsolescencia” llegue a todos tus electrodomésticos al mismo tiempo. La última vez parecía una maldición en cadena, primero microondas, después secadora, etc en el plazo de un par de días. Junto con la garantía deberían entregarte la fecha de caducidad para que vayas ahorrando para la nueva puesta al día. Saludos.

  4. Maria Eugenia Zerpa Suarez dijo:

    Como siempre estupendo e instructivo relato María,y tienes toda la razón,es mas uno de los técnicos que hace unos años me vino a arreglar una lavadora me lo dijo ,no de la misma forma pero lean, dijo:oh que raro que te haya durado tanto porque “estas cosas” están preparadas para que duren no mas de cinco años ,felicidades y besos para las dos.

  5. Lola dijo:

    Mis padres tuvieron una nevera que comprada a principios de los años 40, fue de las primeras que llegaron a Cuba, duró hasta finales de la década de los 80. Yo, en 35 años de casada ya he tenido 4 neveras.

    • Maite Lacave dijo:

      Es verdad, Lola, en Cuba pude observar que todo el mundo tenía unas neveras gordas, panzudas, amarillentas, de los años 50 y que no querían cambiarlas por unas más modernas y estilizadas porque les funcionaban estupendamente. Saludos.

      • Lola dijo:

        Tengo entendido que hace pocos años obligaron a cambiar las viejas neveras porque decían que gastaban mucha electricidad, la gente a regañadientes aceptó lo que le dieron: unas neveras chinas que al año ya no servían.