Sin luz se ve más

Yeray Glez Nuez

Aunque he pasado gran parte de mi vida residiendo en ciudades atestadas de gente y edificios, me considero un amante de la naturaleza. A la primera oportunidad que se me presenta me marcho a la playa o al campo –en Canarias no es muy difícil-. Por ello siempre he intentado dar una mayor importancia a las mareas, los cielos y las montañas, que a los objetos cotidianos y electrónicos que amenizan o amenazan nuestro día a día. Me tira más el salvajismo que el protocolo, la autenticidad que el glamour, y un buen asadero antes que una cena de gala.

Está claro que hoy en día, en situación de desempleo, y si aún se conserva el interés por evolucionar profesional o personalmente, la electrónica se ha convertido en un elemento indispensable para la comunicación con el resto del mundo –ya sea virtual o real-. Si además vives en un lugar más cercano a África que a Europa, una conexión a Internet se convierte en un pasadizo directo al exterior. Y en un elemento que permitirá a los demás saber que existes.

Luz, lápiz y papel

Dependemos del ordenador, de la conexión a internet, del móvil, del IPod, IPad, etc. Pero sobre todo, dependemos exageradamente de la electricidad. Sin ella, ninguno de los aparatos anteriormente enumerados funcionaría. Ni la tele, ni el dvd, ni la batidora, ni la lavadora; y lo que es más peligroso: se acabaría el suministro de agua, los hospitales no podrían mantener a los enfermos, las centrales nucleares, las comisarías, los aeropuertos, las industrias, etc. Todo se convertiría en un caos absoluto y poderoso. La oscuridad pasaría a formar parte de nuestras vidas, pero también las estrellas y el sonido del mar

Pues hace unas semanas, y sin tanto dramatismo, me quedé aislado del mundo virtual. Me explico. Era un día magnífico. El sol brillaba, los niños jugaban en la calle, las gaviotas se peleaban por los restos de basura encontrados en el mar, casi no había viento y la temperatura era excelente y agradable. Pero algo raro pasaba: mi móvil despertador no había sonado. Recuerdo que la noche anterior había dejado el sistema operativo de mi teléfono actualizándose, enchufado a la red. Cuando lo intenté encender, no me respondió. Tras llamar a la empresa que se encarga del servicio, me dijeron que se trataba de un fallo común en este tipo de terminales telefónicos, y que en una semana estaría solucionado. Perdonen que vuelva atrás pero ¿qué necesidad tiene el ser humano de actualizar también el móvil? Cuando era pequeño me llamaban al único teléfono de la casa, y si no contestaba, para eso estaba el porterillo automático. Pero ahora se nos viene el mundo encima: ¿y si me llaman?, ¿y si me mandan un WhatsApp?, ¿y si están dando una paliza a alguien y quiero grabarlo? ¡Ay, Dios mío! Y ahora, ¿cómo llamo si tengo a todos mis contactos en la agenda del aparato?

Cuando parecía que la situación no podía empeorar, lo hizo. En mi frenética búsqueda de los números de mis más cercanos parientes y amigos, se me encendió una pequeña bombilla en la cabeza, que estalló violentamente cuando le di al botón de encendido de mi ordenador, y no recibí pestañeo alguno de la pantalla. No puede ser. Tras comprobar que la tele tampoco encendía, que no olía a café, que el microondas no daba señales de vida y que las palancas del cuadro eléctrico estaban perfectamente colocadas, me di cuenta de que se había ido la luz. O mejor dicho, que me habían cortado el suministro por retrasarme un día en el pago.


De nuevo mi mente se llenó de interrogantes: ¿Y ahora quién me actualiza el Facebook? ¿Y mi web? ¿Y si me llegan esos emails que estaba esperando? ¿Y qué hago con el myspace? ¿Cómo escribo yo mi artículo, y cómo lo mando? ¿Y de qué escribo, si no tengo acceso a la información diaria? Tras respirar varias veces recordé: claro, los locutorios y sus maravillosos pc plagados de virus y reguetón. ¿Cómo consigo concentrarme en un lugar dónde se oyen más las conversaciones de las cabinas telefónicas que mis propios pensamientos?

Fue entonces cuando recordé que siempre me había gustado escribir con lápiz o boli, y papel. Es más, antes sólo sabía hacerlo así. Lo peor es que nunca he dejado de escribir a mano, pero ya le había restado importancia y protagonismo. También había renunciado a apuntar los números de teléfonos de amigos y conocidos en agendas reales y palpables. Textos, fotos, juegos, todo informatizado. Todo virtual. Me sentí huérfano, atrapado, desorientado, pero libre a la vez. La vida sigue ahí, -pensé- delante de nosotros mismos. Existe. Huele. Duele. Causa placer. Es impredecible. Golpea y acaricia. Pero está. ¿De qué vale tener uno o 300 amigos si sólo puedes contar con ellos para que pongan ‘me gusta’ en tu perfil?

Pasé sin luz, sin Internet, sin ordenador, sin tele, sin microondas, sin vitro, y sin nevera dos días completos con sus dos noches. Sin el maldito móvil, algo más de una semana. Y aquí me tienen. Vivo y en el Paro, como en los últimos años. Ninguno de los ‘amigos’ con los que no permanecía en contacto me ha hablado. Tampoco los más cercanos. Nadie me ha repudiado por no actualizar mi Facebook, ni por mandar este artículo a destiempo. Parece que todo sigue exactamente igual que antes de mi apagón.

Lo mejor de esos días que pasé alejado de la electricidad artificial –que no de la natural-, además de un excelente descanso mental y ocular, fueron sus noches en silencio, a la luz de las velas, disfrutando de un cielo plagado de estrellas, en buena compañía. Todo ello gratis, por cortesía de nuestro planeta, y sin darle a un botón.

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8 respuestas a Sin luz se ve más

  1. Yeray dijo:

    A veces te das cuenta de que ya no dependes de ti mismo como ser humano. Nuestro bienestar lo marca una buena conexión a internet o un móvil de última generación. Con nuestras miradas fijadas en las pantallas de los teléfonos y demás dispositivos nos estamos perdiendo todo lo que ocurre a nuestro alrededor.
    Muchísimas gracias a tod@s por participar y comentar (claro que me acuerdo Edi, jajaja). Sin ustedes, escribir tendría menos valor.

  2. Sol dijo:

    Como nos hemos complicado la vida con tanto avance… Muy bueno Yeray

  3. Erikadc dijo:

    Cuanta razón tienes!!…….es cierto q las nuevas tecnológias nos ponen las cosas más fáciles, es más, quien dice fáciles dice en bandeja!!….hoy un niño q tenga q buscar información para un trabajo,ya no va a la biblioteca y busca con paciencia en los libros,o si tienes q buscar algún número en la guía, ya no abres “las páginas amarilla s”…..es una realidad q nos hace la vida más sencilla, pero tb es una realidad,q las nuevas tecnológias nos acerca a lo q tenemos lejos y nos aleja de lo q tenemos cerca…..tenemos una dependencia tan grande a estos aparatos,q muchas veces estamos rodeados de gente y con la cabeza clavada en el móvil…..en fin….q a más de uno le daría un ataque de ansiedad si pasara tan sólo un día sin estos aparatitos!!……

  4. Que bueno, este relato me recordó aquellos tiempos en las chabolas del Confital, sin luz electrica, ni moviles, ni pc. Los amigos, los bugis, las velas, y pasar la noche a la luz de la luna. Al amanecer, desde que salia el sol, pal agua!!!.. Te acuerdas Yeray?,..jjajjaja.Un abrazo hermano!…
    Bellísimo relato….

  5. Goyi dijo:

    Me ha encantado Yeray.
    Cuanta dependencia tenemos de ese mundo “enchufado” que ,en muchas ocasiones, nos impide disfrutar del otro, del vinculado a la naturaleza.
    Enhorabuena!!

  6. A todos nos vendría bien, de vez en cuando, desenchufarnos de estas nuevas tecnologías.
    Desintoxicarnos, disfrutar de ese descanso mental y ocular como dices.
    Disfrutar de un buen asadero con los amigos y un par de guitarras, quién no se apunta a ésto.
    Felicidades por tu artículo y por tener la lección de vida bien aprendida.
    Un abrazo, hijo.

  7. Ana del Rosario Sannchez dijo:

    Amigo,Me he emocionado(de verdad)de tu presioso relato de vivir sin luz y todo lo que ello jenera,yó soy mayor y por tanto (que te puedo entender perfectamente lo de¡¡¡ VIvir sin luz!!!,.Eso es hoy una experiencia muy constructiva ya que no estabas solo ya que la naturalesa te brindó comtemplar otras virtudes que no apresiamos¡¡con tanta tecnolojia no la apresian las nuevas generaciones(es una pena es así),pero tiene sus ventajas ya ves por eso tengo la oportunidad de comentar contigo aunque seguro que puedo ser tu abuela…muchos besos ;mi niño y…suerte con lo del paro ¡¡¡Que se cumplan tus buenos deseos Muahhhhh.

  8. ANITA THOMSEN dijo:

    Bienvenido de nuevo al mundo virtual, tu experiencia ha sido como pasar por la maquina del tiempo enhorabuena.