Una casta privilegiada

Yeray Glez Nuez

En los últimos años nos hemos acostumbrado a celebrar victorias deportivas de las selecciones de fútbol, baloncesto o balonmano. Hemos vibrado con los épicos y trabajados triunfos de Rafa Nadal, con las carreras de Alonso, Pedrosa o Lorenzo, con las canastas de los hermanos Gasol, Calderón o Rudy Fernández. Deporte español con mayúsculas, tanto femenino como masculino, que nos ha dado más de una alegría, real o ficticia, en unos tiempos en los que cualquier festejo es bienvenido.

Una más que representativa cantidad de población española, incluyendo también a políticos y grandes magnates, se ha echado a la calle para agitar las banderas, tocar la bocina o tomarse una caña –copa, vaso de agua, manzanilla, vino, leche, tabaco o un porro, esto ya se lo dejo a ustedes- en honor a los campeones. Y entre los diferentes sectores de la sociedad que han participado de estas fiestas, destaca uno, o eso me parece a mí: los niños y las niñas.
Estos enanos y enanas que muestran, como nadie, la verdadera cara del triunfo y la derrota. Las lágrimas, la incomprensión de un resultado, la inmensa alegría por el éxito, y la interminable tristeza del fracaso. Todo en un pequeño y transparente tarro, difícil de ocultar.

Pero como en la sociedad adulta y corrupta, en la infantil también existen los privilegiados por derecho divino: los hijos e hijas de infantas, príncipes, presidentes y otros mandatarios, que tienen el placer de asistir, en primera persona, a los homenajes y entrega de trofeos que le dispensan las instituciones de todo calado, sin tener que pelear con la masa para obtener una foto desenfocada del fugaz paso de los campeones. Empujones, carreras, caídas y llantos que jamás tendrán que experimentar, ya que en una infancia marcada por el lujo y los caprichos correspondidos, nada de esto sucede.

Ocurrió en 2008 con la Eurocopa, en 2010 con el Mundial, y en 2012 con el tercer título internacional consecutivo logrado por la selección española de fútbol. En todos estos acontecimientos, además de la presencia de la Casa Real y otros personajes nefastos de la clase política y empresarial española y europea, siempre había algún niño. Los retoños de las infantas corrieron alrededor de una de estas copas junto a Casillas o Xavi, mientras el resto de pequeños del país lo seguían por televisión, o asfixiados de calor en una de las atestadas plazas con pantalla gigante. También acudieron a los brazos de los gladiadores del siglo XXI vástagos de los oportunistas políticos de turno de cualquier administración del Estado. Comunidad de Madrid, Moncloa, ayuntamiento y otras instituciones en las que los hijos e hijas de los que hacen y deshacen este país, fueron la envidia de los que no nacieron con todas sus necesidades cubiertas.


Durante los festejos del mundial de fútbol de 2010 residía yo en Madrid -verano caluroso y seco como el que más-. Y tuve la suerte o desgracia de que la guagua o bus de la selección pasara justo por debajo de la que fue mi ventana ese año. Desde bien temprano, y a lo largo de toda la jornada, miles de personas se fueron situando en los márgenes de las carreteras, en las aceras, sobre los semáforos, buzones de correo y farolas, para no perderse la marcha de la victoria. Por la zona, repleta de bares, se instalaron algunas pantallas en las terrazas para que nadie perdiera detalle. Y fue en ese entorno donde observé la conversación que mantenían un joven padre y su hijo, que no superaba los siete años de edad, a cerca de lo que estaban poniendo en la tele. El pequeño le preguntaba por qué no podía hablar con Casillas y con Torres como las niñas que lo estaban haciendo en la televisión, y el padre le respondía que a las féminas había que tratarlas con respeto y cederles ese protagonismo. “Pero si a las niñas no les gusta el fútbol”, escuché perfectamente. La mirada del progenitor fue la de aquel que se queda sin argumentos sólidos con los que defender sus tesis, pero atinó a decir: “es que son las hijas de las princesas y las nietas del rey”. El niño no dio por buena esa respuesta, y lanzó el temido y definitivo “¿Por qué?” Su padre, visiblemente derrotado dijo “porque unos nacen con más suerte que otros”, a la vez que le acercaba el refresco a la boca para que dejara de hacerle preguntas que no le podía contestar con sinceridad.

Pero el último episodio lo vivimos hace unas semanas, tras la final de la Eurocopa de 2012 que España ganó a Italia por cuatro goles a cero. Mientras Valencia ardía, el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, acudía a disfrutar del partido en vivo, en el palco, y junto a la flor y nata de la casta político-empresarial hispano-europea. Una vez finalizado el encuentro, las primeras imágenes emitidas por televisión del vestuario español, nos mostraba cómo los jugadores saludaban a regañadientes a todos los enchaquetados que habían hecho acto de presencia, por sorpresa y en tropel, en un lugar tan sagrado. De repente, apareció Rajoy acompañado de un adolescente con corte de pelo peperiano, y que resultó ser uno de sus hijos. Sin palabras, el chaval no pudo más que asentir cuando el gran Xavi le preguntó si estaba contento. Estaba gozando del privilegio de disfrutar la victoria junto a unos deportistas que habían hecho historia en el fútbol, única y exclusivamente por ostentar el título de hijo del presidente. Sin más.
Con estas demostraciones de poder por parte de sus procreadores, no me extraña que salgan tan prepotentes, desafiantes, inhumanos, arrogantes y en posesión de la verdad absoluta como, por ejemplo, la hija de Fabra.

Ahora les propongo un juego que seguro conocerán: Por cinco céntimos, me tienen que decir nombres de hijos de políticos que hayan ocupado cargos o se hayan visto beneficiados en determinadas situaciones, tan sólo y como dijo aquel padre, “porque unos nacen con más suerte que otros”. Un, Dos, Tres, responde otra vez: Andrea Fabra, Ana Aznar, Alonzo Aznar, Álvaro Ramírez de Haro y Aguirre, Ana Bono, María Zaplana, etc.

Share and Enjoy

Esta entrada fue publicada en Colaboraciones. Guarda el enlace permanente.

12 respuestas a Una casta privilegiada

  1. bienvenida pérez hernández dijo:

    Me gusta mucho el articulo Yeray, porque dice la verdad, y es triste que todo el pueblo lo vea!!! Y que muchos padres tengan que agachar la cabeza, pensando: me gustaría que mi hijo, al menos tuviera la misma oportunidad o la suerte de dar un beso a Casillas, etc. Por desgracia nos llevan engañando muchos años y se rien en nuestra cara. Pero porque nosotros lo permitimos y no acabamos ya con estos grandes abusos! iii ABUSADORES!!!! Gracias Yeray por exponer la verdad!!

  2. Yeray dijo:

    Muchas gracias a tod@s por participar y hacer el debate más interesante. Sin ustedes no vale la pena escribir. Besos.

  3. Yo no tengo mucho más que añadir con respecto a este artículo, más que volver a felicitar a mi hijo por su excelente trabajo. Lo que sí quiero hacer, es agradecerles de corazón que lo valoren y valoren mi labor como madre, como la de ustedes.
    Hay un mensaje de Bernabé Tierno que me encanta y quiero compartir con ustedes.
    Gracias.

    “HAY QUE AMARSE PARA AMAR Y TENER PARA PODER DAR”
    (Bernabé Tierno)

    Para poder dar es imprescindible tener y, si una persona no se tiene a sí
    misma, no se acepta, no se valora, no se comprende, no se quiere y no se
    perdona, difícilmente podrá aceptar, valorar, comprender, querer y
    perdonar a las personas que tiene alrededor.

    Formarse y educarse, no es otra cosa que potenciar lo mejor de uno mismo:
    pensamientos positivos, sentimientos enriquecedores, conductas
    inteligentes y dirigidas a hacer el bien. Todo esto es previo e
    imprescindible para ser capaz de pensar en nuestros semejantes y
    contribuir con nuestro trabajo y nuestra vida al bien de todos y, en
    particular, al de las personas que tenemos más cerca.

    Nadie podrá amar si no se ama a sí mismo, ni dar si no tiene, ni perdonar
    si no se perdona.

    • Yeray dijo:

      Estoy contigo, Mamá. Si no tienes, muy poco vas a dar. Por suerte, a ti te sobra. Muchas gracias y un besito.

      • Eduardo Hernandez Rodriguez dijo:

        Felicito a los dos madre e hijo. Cuando uno lee y los pelos del cuerpo se te quedan de punta, eso llega a lo más profundo del corazon.

  4. Marisol Ayala dijo:

    Carmen, ¡qué razón tienes…!. La semilla de una de tantas madres, la del mismo Yeray G.Nuez, sin ir más lejos, germina. No hay más que ver sus textos para entenderlo. Hemos tenido suerte, vale, pero nos lo hemos currado.
    Un abrazo.

  5. Carmen Agredano dijo:

    Nuestros hijos no han disfrutado ni disfrutarán de esos privilegios, pero han aprendido de sus padres, y sobretodo de sus madres,el valor de la lucha, de la solidaridad. Y aunque para un determinado sector todo esto le suene a chino, estamos orgullosos de haber plantado una semilla que ha germinado en hombres y mujeres comprometidos.
    Adelante Yeray.

  6. goyi dijo:

    Como dice uno de los títulos de la Constitución española: “Todos somos iguales ante la ley”……..pero unos pocos son mas iguales que otros muchos.
    Me ha encantado leerte Yeray. Excelente reflexión.

  7. Carlos Déniz dijo:

    Desde luego, Yeray del pino, en tu línea de envidioso perdido. Ja ja. Bromas aparte. El artículo esta increíble. No necesito leer nada tuyo para estar de acuerdo contigo. Se que lo estaré. PEEEEEROOO, la pregunta del millón es: ¿dejaríamos de beneficiarnos de esos privilegios si estuvieramos en el otro lado?. Creo que no. Es condición humana ambicionar lo que los demás no tienen -y lo que tienen- solo para fardar o dar envidia. Y, además, no porque no. Porque para eso es un beneficio que tenemos. No son estos batatas los que hacen algo moralmente, quizás, reprobable. Es el ser humano y su condición de ser humano. No se si me explico. Y eso.

    • Yeray dijo:

      Como tú dices, Carlos, es una condición humana aceptar de buen grado una vida plagada de lujos. Y habría que verse en la situación. Pero una persona normal, con conciencia, se sentiría mal, avergonzado, al cerciorarse de que no todo el mundo tiene las mismas oportunidades. Además, si la gravedad de la situación actual no te conmueve es que no estás vivo (Tú no, Rajoy y Soria, jejejeje). Y es aquí dónde entra en juego lo transmitido por el entorno de cada uno (padres, hermanos, amigos, abuelos, etc.). Si te han dado mucho, y no sólo leña y caprichos, tu ética y tu moral no van a permitir que aceptes situaciones injustas y vergonzosas.

  8. Yeray dijo:

    Si, una casta de mamoneos!!..Felicidades por el artículo..

  9. María Rosa Botti Zanino dijo:

    ¡¡¡Impecable, Yeray !!!!! Siempre hubo diferencia de clases según en cuál te tocara nacer, pero estos últimos años son tantos los privilegios obtenidos sólo por prepotencia u oportunidad de cargo que siento vergüenza ajena.