
María Sánchez Lozano
En mi quizás no tan humilde opinión, la amistad es de las pocas cosas en esta vida que hay que tomarse muy en serio, porque, si nos detenemos un momento a pensarlo, en realidad y salvo honrosas excepciones, las parejas van y vienen, los hijos nos abandonan para hacer sus propias vidas una vez alcanzan la madurez emocional y cumplamos nuestro cometido para con ellos, y la familia… bueno, no nos engañemos: no siempre los lazos consanguíneos aseguran una relación de respeto y cariño mutuo, por mucho que en El Padrino intentasen convencernos de lo contrario.
Somos nosotros los que elegimos meticulosamente a nuestros amigos, decidiendo, en base a la empatía y la afinidad, cuales de los cientos, miles quizás, de personas que se cruzan en nuestro camino a lo largo de nuestra vida permanecerán en ella, al menos durante un tiempo, caminando a nuestro lado, compartiendo alegrías y penas, risas y llantos; creciendo juntos…

Cyberamigos
Con los amigos se establecen vínculos que pueden llegar a ser indestructibles, raíces profundas basadas en la tolerancia y el amor, en la generosidad y el compromiso, y por ello, porque la amistad es prácticamente un estamento sagrado, resulta tremendamente llamativo, y no en el buen sentido, como el concepto se ha deteriorado hasta límites insospechados a raíz de la aparición de las redes sociales. La existencia de Facebook, concretamente, ha dado lugar a que personas completamente desconocidas, que en muchos casos incluso se encuentran físicamente a miles de kilómetros de nuestros lugares de residencia, participen de nuestra cotidianidad como si de amigos de toda la vida se tratasen. A través de nuestras fotografías, comentarios, enlaces y videos musicales, bucean en nuestra intimidad, a veces incluso más profundamente que algunos de nuestros amigos “de carne y hueso” y llegando a convertirse, en definitiva, en una parte importante de nuestras vidas.
Sin embargo, existe un dicho popular, de creación reciente que reza: “eres más falso que un amigo de Facebook”, y que no creo que precise de muchas aclaraciones. Porque, lamentablemente, en la gran mayoría de los casos, esta amistad, creada a golpe de teclado y risas enlatadas, adolece de la parte más importante de las relaciones: el contacto físico. Y es que estos amigos virtuales no podrán enjugar nuestras lágrimas tras una tragedia, ni acompañarnos en nuestras enfermedades, ni brindar con nosotros durante una celebración, ni compartir una mirada de complicidad, y son precisamente todas esas cosas, y muchas más, las que construyen los cimientos de la verdadera amistad y conforman las relaciones sólidas y duraderas. Por ello, porque frecuentemente esta opción no existe en las redes sociales, desgraciadamente serán la decepción y el posterior alejamiento los que nos esperen a la vuelta de la esquina con la gran mayoría de las relaciones creadas por esta vía.
No obstante, hay ocasiones en que estas amistades cibernéticas trascienden la pantalla y esas personas acaban convirtiéndose en grandes amigos, y es precisamente el carácter excepcional de estas situaciones el que hace de este acontecimiento un verdadero regalo de la vida.
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Lo primero que tengo que decirte es que estás muy guapa en esta foto. Está todo muy bien lo que dices como siempre, María, y como siempre que te contesto doy algo de mi experiencia en relación a lo que escribes. Yo me he llevado muchos “chascos” de esos amigos que crees conocer y con los que has compartido esas cosas que tú has expuesto tan bien, y luego resulta que te traicionan de una manera brutal y he tenido y tengo contactos en las redes sociales con los cuales he mantenido una relación más o menos íntima, amparándonos en ese anonimato que se ofrece a través de las redes, y con una plena discreción, pues , generalmente no tengo tenemos contactos en común y no hay manera de que nos traicionen. En cualquier caso, y muy a mi pesar, creo más en los buenos conocidos que en esos que dicen ser amigos y amigas. Por mi experiencia te diré, que pese a no tener una buena relación de complicidad, mi mejor amiga es mi madre. Un abrazo y ojalá que siempre conserves a esas amistades en las que crees, tanto físicas como virtuales.
Hola Mensa
Lo primero, gracias por el piropo. Y con respecto a los amigos, estoy segura de que absolutamente todos nos hemos llevado algún que otro chasco con personas que creíamos de confianza, pero no por eso hemos dejado de creer en la amistad y sería una verdadera pena hacerlo porque, aunque efectivamente cuando confías en alguien te arriesgas a que te haga daño, también vale la pena cuando esa persona te corresponde, siempre dentro de sus posibilidades, claro. Quizás la cuestión sea no pedir peras al olmo, no sé…
En cualquier caso, gracias por tu comentario.
Un abrazo
Cada vez que lo leó, me gusta mà felicidaes Marisol y a Mari Sánchez Bolaños.
totalmente de acuerdo contigo.
Desgraciadamente, no siempre es asi, besossssssssssss
Es la calidad y no la cantidad. Mis amigos de verdad no dicen me gusta,comparto, copio y pego. Simplemente estan ahi para cuando los necesitas y te necesitan. Los politicos, el mundo de la farandula es otra cosa, necesitan numeros para vender y comprar. Luego estan los arrogantes. etc….
Jajajá…!!. No, es que hablamos de amigas y se me fue el baifo. Tengo buenísimos amigos; es más. Me entiendo mejor con ellos que con ellas, pero bueno, amigos al fin, Honorio. Buena precisión.
La Amistad, por definición, tiene tantas versiones como personas se implican en ella. Pretender conceptualizarla de manera única si que marca el tope máximo en el barómetro de la estupidez.
Marisol, dices estar “orgullosa de mis amigas”. ¿Amigos no tienes?…¿o por algún motivo querías especificar en género en una época en la que eso está tan mal visto?…ya sabes… amigos y amigas, compañeros y compañeras, miembros y miembras, transeuntes y transeuntas..
Decían por ahí… “contarle las penas a mis amigos???…que se rian de su puta madre!!”. Y es que hay mucho cainismo incluso entre quienes consideramos amigos. Yo soy un convencido de que, al final, la sangre todo lo puede, y no habrá lazo más estrecho ni dolor o alegría más compartida que la de aquellos con los que compartes genética. En cuanto al artículo…estoy de acuerdo en que la ciberamistad es delicada. Pero la experiencia me dicta que a veces sin miradas cómplices, sin enjugar lágrimas, sin reir a carcajada batiente y en la ausencia de contacto físico, la ciberamistad también es capaz de proporcionar una complicidad y camaradería sin parangón. Al fin y al cabo mis amigos “reales” y yo mismo tenemos poco tiempo para compartir más allá de un café, una copa o una comida. El ciberamigo está ahí en los momentos de mayor intimidad, y consigue sacar temas más prfundos y reflexivos de lo que sueles hablar con la gente cotidiana. Y llegados a ese punto, los lazos se estrechan de una forma quizás más genuina, donde todas las barreras físicas están superadas y te centras en la letra y en la palabra, en el concepto y en el significado, que son al fin las cosas por las que se rige el alma.
Yo me siento orgullosa de mis amigas. No quiero tener miles; las que tengo me bastan. Valen por mil. En el texto de María nos venos reflejadas quienes consideramos la amistad como un regalo de la vida que, ojo, hay que sembrar, mimar, atender…Un beso, María.
Esos seres incondicionales que siempre están ahí para escucharnos en nuestros más alegres y también en los de bajón y tristeza. ¡¡¡Gracias amigos!!!.
Cuanta verdad
No podría estar más de acuerdo con esta reflexión. Los AMIGOS siempre están, te apoyan, te ayudan, y no te reprochan sino te aconsejan.
Sólo los tontos tienen muchas amistades. El mayor número de amigos marca el grado máximo en el dinamómetro de la estupidez.
Pío Baroja
Te diré que soy afortunada,mi amistad con una amiga vía facebock con dos amigas, traspaso fronteras, hoy, nos contamos alegrías, penas etc,
Estamos pendientes unas de otras,una en EE.UU, otra en Madrid
Nos conocemos, hemos estado juntas en Madrid, (así que solo cuento maravillas de faceboock)
Todo esto es verdad.