Desprecio a los enfermos

Marisol Ayala

Marisol Ayala

A ver si la sociedad se anima y comienza a contar en los foros que pueda y los dejen -que no son todos- lo que está pasando en nuestros hospitales. Y no hablo de las cifras de las esperas, no, hablo del maltrato, la ausencia de sensibilidad, el caos que impera en su interior en los que ya no se respeta ni a los moribundos. Les animo a denunciarlo públicamente porque en el bombo del maltrato estamos todos; cuando estás enfermo, en una camilla maltrecho y solo eres rehén de desalmados tal como le pasó al ya fallecido Félix Díaz.

El domingo publicamos en el blog la carta de Lupe, la hija del enfermo terminal cuyo testimonio es de tal dureza y dolor que batió récord de visitas en este espacio. La sanidad, la salud, nos importa mucho de manera que conocer el infierno que vivió su padre en el servicio de urgencias del Hospital Insular de Gran Canaria durante dos días pone los pelos como escarpias. Me gustaría que leyeran la carta de la que hablo y que acto seguido preguntaran si alguien desde la administración ha tenido a bien abrir a boca, pedir disculpas, iniciar una investigación, ponerse en contacto con la familia…no pierdan el tiempo, se lo adelanto: no. Nadie. Aquí nunca pasa nada.

Urgencias

Urgencias

Ese caos asistencial que ocultan los hospitales canarios es producto de los recortes o sabe dios de qué, aunque creo que en el caso que nos ocupa es producto de un personal deshumanizado, desmotivado, jaleado por unos jefes que dictan órdenes cerradas; es decir “aquí, en ugencias, no entra nadie” y no hay más.

Todos carecen de capacidad para ponerse en el lugar de quien está viendo como un ser querido se muere y solo tiene consuelo si ve cerca a sus hijos, a su mujer, a los suyos. Y esa familia, destrozada, suplica sin suerte despedirse de él, dignificar su muerte. Lupe Díaz, la hija del enfermo terminal, Félix, un hombre tan querido por los suyos que entre el domingo y ayer llamaron al menos seis personas para mostrar su indignación y censurar a la Consejera de sanidad, Brígida Mendoza, se siente muy gratificada con las centenares muestras de apoyo que ha recibido; pero eso no le basta. No sé como es posible que a una persona, sea quien sea, le dejan morir como un perro, sin el tratamiento que alivia los dolores de su enfermedad, botado en una camilla, pidiendo a gritos la presencia de sus hijas y los “chaquetas verdes”, una idea de Mercedes Roldós cuando era Consejera, impidiéndole acercarse a él. Con ser terrible su testimonio no lo es menos saber que eso sigue ocurriendo, que nadie mueve un dedo, que nos tratan como animales.

Da miedo, no lo niego, pensar que uno de nosotros mañana, pasado o el otro se puede encontrar en esa tesitura. Echo de menos que en Canarias se constituya una asociación que vele por los enfermos, por el trato cercano, no de las listas de espera, que chequee y controle la atención, médica y humana, que se dispensa en el interior de los hospitales. A ver si entre tanto parado aparece alguien que decida dedicar parte de su tiempo a eso; a ponerse en el lugar del otro, formar una asociación que vele por nosotros. Que haga lo que no hace la administración. Creo que el testimonio de Lupe, la hija del enfermo moribundo, es de los testimonios más desgarradores que hemos escuchado y sin embargo nadie ha escuchado ni a los sindicatos sanitarios, ni a las plataformas, ni a los directivos ni a la consejera. A nadie; cada cual sigue por su veredita y calladitos, que esto pasará. La estrategia de siempre. Ya se olvidarán.

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3 respuestas a Desprecio a los enfermos

  1. flora dijo:

    Lo que pasa es que no es un titular de telediario,para que los politicos lo manipulen,ni sale en las portadas locales o nacionales.Se olvidaran.

  2. Pepe Aguilar dijo:

    Estoy de acuerdo con tu afirmación de que la ‘obsesión’ de restringir la presencia de un familiar en Urgencias, al lado de la persona ingresada, es absurda. Ese paciente en cuestión estará, por motivos lógicos, mejor tratado por un familiar que por un profesional (y conste que la mayoría son excelentes), que suele estar desbordado de trabajo, con el consiguiente estrés y malhumor que ello conlleva. Tuve a un familiar muy directo en Urgencias unos días, esperando que lo pasasen a una habitación, y una noche lo amarraron a la cama. Eso no habría pasado si alguno de nosotros (sus familiares) hubiésemos estado junto a él, pero insistían en decirnos que solo podía pasar una persona a Urgencias, a determinadas horas por la mañana y por la tarde, y además por un corto periodo de tiempo. Así, viví con impotencia cómo una mujer de avanzada edad, completamente sola, llamaba reiteradamente a un familiar para que la consolase, así como a un joven accidentado, al que le sonaba su móvil, y que no podía cogerlo. Desde este espacio aprovecho para reclamar una mayor dosis de humanidad para los responsables de restringir las visitas en Urgencias, porque estoy plenamente convencido de que la mejor ‘medicina’ de un enfermo, en esos momentos, es tener al lado a un ser querido.

  3. celeste dijo:

    Si fuese un ser querido mio salto todas las normas y que me llamen a la policia si quieren pero cuando una persona está falleciendo le gustaría que sus seres queridos estén asu alrededor y no mori sólo como un perro vamos a ver si a la MERCEDES ROLDÓS, el día que se esté muriendo se vea sóla sin nadie en ese momento,, claro ella no ha tenido en cuenta que todos vamos a morir, más tarde o más temprano que por muy MINISTRA, REY, ETC,,, que seas todos vamos a parar al mismo lugar,,, y en esa otra vida no cabe, los galones.