Amanda Quintero.
Era imposible que no escribiera esta noche, simplemente porque es mi modo de sobrellevar las cosas, de lidiar con mis ideas y lo que ellas le hacen a mis sentimientos.
Hoy, 5 de marzo de 2013 a las 4:25 de la tarde, se anunció la muerte del Comandante Presidente y yo –me da risa y todo- estaba en una reunión en una multilateral, rodeada de extranjeros ¡Ja! Uno nunca podrá anticipar dónde estará al momento de recibir una noticia como esa. Y no es que hubiese querido celebrar con bombos y platillos, mucho menos lanzar papelillos o cohetones al aire, es sólo que la reacción duró lo que a mí me pareció un segundo, un par de miradas tensas con ambición de indiferencia y ¡zas! 30 segundos después volvíamos a la corporatividad que enmarca un buen Power Point. No tuve tiempo para participar en el alboroto colectivo.
Cuatro horas después me hallaba camino a mi casa, y fue en medio de un pan-con-jamón-y-queso frente a las declaraciones de quien, espero, será mi próximo candidato a Presidente que caí en cuenta de que ya no se hablaba en presente de aquel señor que había ocupado tantas horas de tantos días, tantos espacios en tantos medios, paredes, mentes, bocas y corazones; para bien o para mal, Chávez despertaba pasiones. Así sin más, de repente se le nombraba en pretérito. Y no voy a decir que lo celebro, la muerte en nuestra cultura no se elogia, pero confieso mi simpatía por la idea de un cambio. Sea como sea es el fin de una era.
Recuerdo que estaba en primaria la primera vez que oí su nombre, y hasta el sol de hoy fue parte de mi día a día. Por formación de casa, entorno social, culpa del imperio o como queramos llamarlo crecí en la bancada política contraria a la oficial. No existe en mi mente otra referencia: el gobierno es un aparato rojo y torpe, forrado de vinilo y poliéster recién estampado, que suena a discurso político de izquierda retrógrada, que huele a petróleo y exuda resentimiento. Los del samán de Güere se fumaron el cuento de la Robolición Bolivariana con una narrativa exitosísima y le pusieron al frente un showman criollito que vino a romper paradigmas… y los cojones también ¡Vaya que se le los reventó a más de uno!
Dicotomía, esquizofrenia, bipolaridad, nunca he sabido qué adjetivo ponerle a la realidad de país que me tocó vivir. Prácticamente hasta que comencé la universidad nunca había compartido con un chavista, por provinciana o ingenua quizás, pero lo cierto es que era una cosa ajena y de esas que ni te cuestionas. Hasta que comencé la universidad fui opositora por inercia.
Y entonces me tocó mudarme a Caracas con Carlos, un primo panísima y chavista hasta el cuello, con el que me la llevaba genial y por tanto no discutíamos de política. También fue momento de vivir en el ghetto, que para mis amigos del Este es “el Oeste” y para mis amigos del Oeste es “el Centro”… cosas de caraqueños. Ahí entendí lo equivocados que estaban quienes aún cuatro años después gritaban “fraude”. Vi con mis propios ojos a la gente humilde que genuinamente apoyaba a un ser que yo daba por sentado era un completo incompetente, mientras me asomaba por primera vez a una Arepera Socialista.
Pero a la vez me tocó vivir el Movimiento Estudiantil en su mejor momento y descubrir que me interesaba lo público, y lo económico, y eso de entender los sistemas. Viví las marchas masivas y las protestas violentas, me pinté las manos de blanco y corté mordazas rojas, voté por el maracucho nefasto, fui testigo de mesa, hice sapos de tela y lápidas de cartón, cargué un radio wakie-talkie y ayudé a parar el tráfico para que los estudiantes pasaran, actué en el metro con un diálogo sobre la Reforma Constitucional, voté NO, coordiné centros de exit polls, fui a MUNes y me caí a gritos con canadienses socialistas wanna-be que hablaban de azufre mientras estábamos en la Asamblea General de la ONU, tuve un mapa en mi sala con chinches sobre las estaciones de metro y tres teléfonos de saldo desechables, fui a decenas de Asambleas de Estudiantes, volví a votar NO y NO, grité ¡U-U-Ucabistas-Ucabistas-U!, recogí firmas, fui Call Center electoral, dije que Yo También Quería Ser Presidente, entregué volantes, olí las bombas lacrimógenas, salí en portadas de periódicos y artículos de revista, recibí botellazos, brinqué en la Zona Libre de Miedo, sostuve carteles en centros comerciales, vi a la ballena, me empujaron los Guardias Nacionales con sus escudos cuerpo completo, me persiguieron motorizados, me llamaron escuálida a pesar de ser gordita, marché por el medio de la calle reclamando mi descontento, coleccioné franelas de cuanta elección hubo, hice campaña, totalicé, me senté a esperar frente a embajadas, y escribí desde mi Planta Baja… lloré mi luto post-electoral. Me formé una opinión y ahora no estaba en contra de la posición oficial por costumbre sino por convicción. Entendía por qué me le oponía.
Chávez llegó a significar para mí el 8 de octubre que mi país podía no ser la tierra fértil que yo esperaba porque entendí que mientras hubiese petrodólares en abundancia a ese señor no lo sacaba nadie de donde estaba, y que quizás era momento de comenzar a recoger los peroles porque una cosa es calarse a semejante autócrata cuando ya se tiene vivienda propia y una vida hecha, o cuando no se aspira alto sino que todo lo que uno espera es «una ayudita» o «un contactito»; una cosa es lidiar con la mediocridad generalizada con esperanzas de que la cosa puede cambiar y otra muy diferente es estar seguro de que no cambiará nada y que tus oportunidades son pocas, que te tienes que resignar a la paranoia en cada esquina, a saber que vivirás con tus padres pasados los 30 y que hacer empresa significa guiso. Lo resentí, y por mucho tiempo me hice la promesa de no decir su nombre, lo llamé CH, Esteban, Chiabe, Presidente.
Pero hoy vengo a decirle gracias Sr. Chávez, por una consciencia de país formada por la vía dura, por despertar el interés de los jóvenes en lo público y por las lecciones de economía política, fue un verdadero genio de la estrategia comunicacional. Gracias por enseñarme qué camino económico no me gusta, eso de los beneficios sociales sin sostenibilidad financiera sólo se paga con renta (mientras haya); que la regulación excesiva causa escasez y contracción, que el Estado es terrible empresario. Le agradezco las relaciones con China, sin duda son el futuro del mundo. Gracias por hacerme ver que usted no llegó ahí por arte de magia, que en Venezuela conviven realidades muy distantes y desproporcionadas, y que no había un reconocimiento de ello. Gracias por enseñarme que la estadística es de quien las paga. Aprecio que haya puesto de relieve que la gente competente simplemente no se retira de la política porque gobernar sin formación puede acabar hasta con PDVSA; la política consiste en negociaciones entre partes que representan intereses encontrados y si uno se retira de la mesa peca por omisión. Gracias por hacernos ver que esa institucionalidad que creíamos tener no era más que el Estado del Disimulo que describía Cabrujas, y por hacernos ver que este país no ha superado el paradigma del caudillo. Le reclamo haber tratado de apoderarse del rojo, pero no importa, se lo paso porque fue una buena extravaganza. Gracias por mostrarme de primera mano por qué se ponen reglas y lo fácil que es encariñarse con el poder, que las lealtades se compran y que no hay que ser coherente entre el discurso que se profesa y el estilo de vida que se practica para hacerse boliburgués, digo, millonario en este país. Y finalmente gracias por dejar ir, aunque haya sido por la fuerza, y por habernos dejado pasar la página de nuestra historia, ya estamos preparados para lo que venga. Un roncito a su memoria… Descanse en Paz.
PD: Aprendí a escribir para desahogar mi descontento con sus políticas, eso también se lo agradezco.
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Eso mismo está pasando, pero ahora en Venezuela.
Muy interesante reflexión….Deseo lo mejor para todo el pueblo Venezolano, el juicio no me me pertenece, es del publo que conoce la realidad y cada uno la verá a su manera. De todas maneras que descanse en páz él y todas las personas anónimas que mueren a diario…
Para hacer una declaración de ese tipo hay que tener pruebas, no bastan las elucubraciones mentales. En Venezuela pasa como en Cuba, que los americanos tenían la culpa de todo, si pasaba un ciclón fuerte, era que lo habían mandado para allá, que una plaga de mosquitos, también. Un poco de seriedad por favor.
No me gusta las dictaduras, pero menos me gusta que se compre el voto con el dinero del estado, mientras no se consigue comida para la población, prueba del chavismo, es lo que ha pasado en Venezuela estos ultimos meses, mentiras, mentiras, mentiras…, asi no se puede sacár adelante un pais, ésto me duele porque amo a Venezuela.
Qué triste, Marisol. Pero me cuesta entender tu postura, pues ya no estás en la “Provincia”, ya el “Grupo prensa Ibérica” no te traza las líneas. Libérate y comienza a caminar sola y mezclate con los de abajo, que no huelen mal. Preocúpate por el régimen que vive tu país, que eso sí que es un circo de corrupción e impunidad.
Por cierto ¿sigues eliminando del facebook a lo que con argumentos te llevan la contraria?
Lo que le molesta a los ricachones pronorteamericanos, es que los desposeídos puedan tener educación, alimentación, sanidad, viviendas,…
En los 40 años de bipartidismo ‘copeyano-adequista’ muchos medios informativos -prensa, radio, tv,…- no se acordaban como vivían el 80% del pueblo venezolano, mientras el 20% de la minoría expropiadora se repartía las ganancias petroleras y otras en no menos de un 80%. Hasta que surgió la rebeldía del caracazo de 1989, el pronunciamiento chavista y la elección sufragista como presidente de Hugo Chávez Frías, para la reforma innovadora de la sociedad venezolana.
GRACIAS a Armando Quintero por sus muy interesante reflexiones, dentro todas me ha gustado ésta “Gracias por enseñarme que la estadística es de quien las paga”.
(Disculpe, Anita Thomsen, pero se firma “Amanda”, es una mujer.)
De su manera de escribir, no hay duda de que aprendió.
Y de las cosas que dice, inmediatamente surgen los insultos a un escrito excelso como el que se disfruta leyendo.
El último párrafo es de manual de libertad, respeto y sentido común.
El gran problema es que, aquí, un admirable escrito como ese pasa por ser facha, derechón, reaccionario… cuando sólo defiende la libertad.