Los despidos y las malas formas
Creía que la empresa era suya, que le pertenecía. Daba la vida por ella y aunque muchos le recriminaban esa lealtad desmedida, esa entrega sin límite, hace unos meses fue víctima de una remodelación y le pusieron de patitas en la calle. Tiene 46 años, está separado, tiene una hija adolescente y se encuentra al borde del precipicio; no entiende el “mal corazón” empresarial -cómo si las empresas tuvieran corazón…- y tampoco entiende qué ha hecho. No entiende por qué a él. Pero lo menos que entiende son las malas formas. Lo citaron los jefes y le comunicaron un escueto y distante “ya no contamos contigo”, mazazo moral que le noqueó, especialmente cuándo los jefecillos valientes de culo prieto que hoy mandan y mañana recibirán una misma patada, seguro, le invitaron a pasar el día allí y “así usted se despide de los compañeros”. ¡Generosos…!. Las formas. Mi amigo puede entender, y lo entiende por duro que sea, que la crisis se esté llevando por delante a muchos trabajadores de la misma forma que todos sabemos que muchísimas empresas están utilizándola como coartada para adelgazar la plantilla. Pero con esas actitudes no puede y la ansiedad lo corroe.
Hace unos días hablamos y me sorprendió el sentimiento de desapego que ahora tiene con la única empresa en la que ha trabajado en su vida. Hasta hace poco daba la vida por ella y hoy la desprecia. Eso le duele; le duele porque el mal estilo, las formas empleadas por los mediocres que piensan que el despacho, el cargo y el poder les va a durar toda la vida, fueron dolorosas. Estos despiden a un trabajador y por el nefasto manejo de la situación le convierten en enemigo. Estas actitudes crueles que los altos jefes propician, alientan y facilitan está causando un daño añadido a trabajadores que han dejado lo mejor de su vida en un puesto de trabajo. El que sea.
Pero no para ahí la decepción de mi amigo; su decepción alcanza a los compañeros “del alma” que no fueron capaces después de trabajar años y años, codo con codo, mañana tarde y noche, de despedirle con cariño. Qué menos. Le vieron partir y le dedicaron un adiós huidizo. Pero ojo, que a cada cerdo le llega su San Martín y a ellos, más temprano que tarde, le llamarán un día a un despacho y le invitarán a partir. Irse sin un afecto, con el sentimiento de haber sido despreciado, es doloroso.
No dudo que la crisis ha sacado lo peor de nosotros. El “ande yo caliente, ríase la gente” le da mano al “sálvese quien pueda”.
Divide y vencerás, es el lema y muchos colaboran, miedosos, a su eficacia.
Hablaremos de televisión, sanidad, políticos, actualidad y vivencias. Quedan invitados a compartir opiniones




















Para Juan Carlos. Verdades como puños. El tiempo pone a cada cual en su sitio, aunque a veces, se tarde…
Un saludo y gracias por tu relato. Ud sí que sabe.
Muy buen artículo apreciada Marisol:
De las empresas te puedo decir algo, en especial del empresariado canario, explotador y abusón como ellos solos. Muy pocos si acaso dos o tres. merecen mis respetos, y te cuento.
Fui Jefe de Personal de una gran empresa canaria, y no veas la de cosas que tenia que tragar, más que ranas, zapos del tamaño de liebres. Llegaba el Jefe Supremo a primera hora y sino daba os buenos días, mal asunto. Lo malo es que era un día si y otro también, pues dependía como le había ido con la querida. Me llama y me decía. Fulano, quiero que despidas a éste elemento/a. Le preguntaba que causa quería que le pusiera en la carta de despido. Decía El, ese es tu problema,éste tío o tía me ha mirado mal y a la puta calle con ella o el, y así durante años.
Llegó un momento y como por parte mía presumía de preparación y que sino le interesaba mis servicios no tenía problemas en buscar y encontrar a otra empresa. Amiga mía. Para que fue eso. Comenzó un acoso y derribo constante, mobby incluido y llegado al punto de no poder aguantar más. Le dije que llegáramos a un acuerdo y se acabó. Eso sucedió cuando tenía yo 51 años y todo el mundo me decía que estaba loco. De loco nada, gracias a esa acción, gane en salud y por supuesto encontré otra empresa, que me pagaba más y menos stress.
Se que la cosa ahora está muy difícil, pero no imposible, sino, AHÍ TENEMOS TU EJEMPLO. QUE NO SEA TONTO, QUE NO SE RIAN DE EL. QUE CUANDO SE ENCUENTRE CON ALGUNOS DE ESOS JEFECILLOS LES DIGA. ADIOS BOBO MIERDA, AHORA SOY MÁS FELIX QUE CUANDO TRABAJABA EN ESA EMPRESUCHA. SALUDOS
Los/las jefes de personal son las cabezas visibles de los directores. Ellos tienen la desagradable misión de poner al personal en la calle. Ciero es que hay manerasy maneras, pero en el fondo lo digan como lo digan el mazazo no hay quien nos lo quite.
Las empresas se están aprovechando de la crisis para hacer cambio de personal.
Pero estoy de acuerdo con ustedes en que a cada San Benito le llega su hora.
Víctor Alonso. Lo repito, a cada cerdo le llega su San Martín. Desgraciadamente con la que está cayendo, esa situación se está repitiendo cada día en todos los sectores de la sociedad. Lo lamentable es el daño añadido que se permiten los mediocres.
Saludos y buenas tardes.
Para Zurrón del gofio: Estarás conmigo en el sentido de que el aprendizaje en tu caso ha sido duro. Cuándo dices eso de “desde mi despacho a la puta calle” es muy gráfico. Me alegra saber que tiene nuevo proyecto profesional.
Un saludo y buenas tardes.
Me suena, me suena, ….¡Puagh!
En efecto Marisol. Muchas empresas están aprovechando la coyuntura para quitarse gente de encima (aun cuando los beneficios obtenidos en años anteriores no justifiquen dichas medidas).
Pero al margen de eso, el objeto principal de tu comentario me parece sumamente correcto. Hay muchos mediocres, pelotas/maleteros/gerentes que sufren de enanismo mental (no sólo mental) que, haciendo leña del árbol caído, dan muestras de una asombrosa mala educación y de una gran falta de respeto hacia el prójimo. Parece ser que esta praxis se ha convertido en algo cotidiano y habitual… Tiempo al tiempo; como bien dices a cada cochino le llega su San Martín.
Víctor Alonso
Cuando uno entra a trabajar a una empresa (en condiciones legales), firmamos un contrato que nos une en una relación laboral. En esa relación que puede durar media vida como la del amigo de Marisol, lo que prevalece para los obtusos que las dirigen, es la productividad y el resultado. Podrás salir de copas con tu jefe cuando llega el viernes o una comida de empresa, pero eso no te otorga acciones.
Yo tuve la suerte de trabajar en una empresa y subir en la escalada de puestos como un ascensor. Pero la caída fue dura y dolorosa. Cuando llegué a mi techo profesional, tenía claro que no había retorno. Desde mi despacho a la puta calle.
Y sucedió cuando me abandonaron los “traicioneros resultados”, que un día me encumbraron, y al otro me dieron la espalda. Y no fue culpa de mi profesionalidad, ni de mi dedicación casi en exclusiva a mi trabajo, no para nada.
Fue culpa de agentes externos como entrada del euro, reducción del turismo e inicio de la crisis etc. etc.
Aprendí la lección. Y cuando quisieron exigirme trabajar 12 horas cuando había firmado por ocho en una nueva empresa, y al tiempo descubrí que además de gerente con la exigencia de resultados mensuales, tenía que ser reponedor, mozo de almacén, cajero y hasta limpiador, no me dejé engañar por segunda vez. A los seis meses no quise renovar mi contrato. Esta vez lo decidí yo.
Ahora tengo la suerte de seguir teniendo trabajo. Gano menos pero soy más feliz.
Moraleja: Sabe más el diablo por viejo que por diablo. Seamos nosotros el viejo, que ya sabemos quien será el diablo.
Saludos.
Antonio Santana. Presumo que debes ser nuevo en mi blog de lo contrario no entiendo tu sospecha respecto a censurar un comentsrio. Verás; siempre que los comentarios se escriban con respeto es decir, sin insultos, son autorizado para su publicación. Ahí tienes los dos tuyos, amigo.
Aquí estamos y buenas noches.
Muy buen comentario Marisol. Te felicito porque has descrito una realidad que se está dando en estos días cada vez más, que llegas a entender cuando la empresa no puede acometer los gastos, pero que como tú bien dices, ampara a jefecillos que para demostrar su poder=inferioridad, necesitan ensañarse con la gente honrada que no da problemas y que les es más fácil qutarse de encima. Leyendo tu artículo me venía a la cabeza a un amigo en común que bien conoces, y que sufrió lo indecible por parte de sus jefes por cometer el único delito de querer hacer las cosas bien. Pero como hay “jefillos” que tienen tanto complejo de inferioridad que lo único que saben hacer es usar su poder para con los más débiles, al pobre trabajador solo le queda tragar y aguantar lo que le echen. Pero Dios pone a cada uno en su lugar tarde o temprano y mi amigo, que también es el tuyo, se quitó a unos “m…” de jefes de encima y al poco lo llamaron para otro cuyo jefe no hace más que mimarlo. Lo que son las cosas Marisol. Que no pierda la esperanza tu amigo, que ésta es la última que se pierde.
Acabo de escribir un comentario y no lo veo ¿Tal vez escribí algo que no debía? Me gustaría saber el motivo.
Gracias de antemano
Conozco bien la situación pues convivo con ella. Va para un año que ni su licenciatura en Sociología, ni los 12 años de comercial en Cuba y mucho menos los tres años de directora en una oficina de Dinero Express (BBVA), le sirven para encontrar un trabajo. Lo malo no es estar sin trabajo, lo verdaderamente grave es el estado de ansiedad en que entra la persona. La pérdida de la autoestima o esa maldita dejadez hacia el cariño por uno mismo.
Va para 2000 currículos y a peor la mejoría. Menos mal que Zapatero está viendo brotes verdes.
Una de dos, o está mejorando la economía o ne está creciendo cesped en las cejas.