La madre de Sara implora a la Policía que la busque “aunque sea muerta”

Velas por Sara

Velas por Sara

El periódico La Provincia en su edición del 25 de febrero del 2010, firmado por Micky. F.Ayala, público el siguiente reportaje sobre el caso de la joven desaparecida:

“El 24 de enero Sara Morales habría cumplido los 18 años que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado “busquen muerta” a la menor desaparecida en Las Palmas de Gran Canaria, hace ahora tres años y medio.

“Después de tanta investigación policial no hay ningún indicio de que mi hija esté viva, así que me resulta absurdo que se siga trabajando solamente en esa hipótesis”, explicó ayer Nieves Hernández, la madre de la niña que falta de su domicilio del barrio capitalino de Escaleritas desde el domingo 30 de julio de 2006. Dos factores han sido determinantes para que la familia de Sara Morales tome esta determinación. “El primero”, explican ellos, “es que todo este tiempo hemos vivido con alguna esperanza, incomprensible para nosotros, de que la niña se hubiera fugado de casa, y que cuando cumpliera 18 años se pondría en contacto con nosotros, llamándonos o mandando un mensaje. El 24 de enero Sara habría cumplido los 18 años. Ha pasado un mes desde esa fecha y nada, no hemos recibido noticias suyas; por lo tanto, es el momento de cambiar las líneas de investigación”.

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Un anónimo da esperanzas a la madre de Sara

“Estoy cansada, así no podemos vivir; tenemos que pasar página. Que la policía la busque muerta si cómo dicen, muerta está”. Ese es el mensaje que Nieves Hernández, la madre de Sara Morales, dejó en mi contestador. Llevo dos o tres días hablando con ella porque en torno a la desaparición de su hija, en agosto de 2006, una llamada insistente y anónima, que ella dice creer a pies juntillas, ha activado el caso en su entorno más íntimo. Esa llamada -que tiene identificada- le ha aportado datos creíbles sobre las últimas horas de Sara que a Nieves le han partido en dos; sus argumentos y otros detalles son los mismos que en alguna ocasión dos hombres informaron a esta mujer y que la policía, no se sabe por qué, no investigó. Un solar, un pozo, un coche abandonado y escondido desde los días que desapareció la niña, traslados de bolsas de basura, un cuerpo descuartizado, tres hombres y uno de ellos -no investigado por la policía y sí por Nieves- con una cercanía al colegio en la que estudiaba Sara porque tenía (o tiene) una sobrina en el mismo centro. “Siempre tuvo tecla con mi hija a la que doblaba la edad, uno 22 o 23 años y alguna vez se acercó a hablar con la niña”.

Nieves, lo crean o no, se ha trasladado al pozo en el que según el anónimo está enterrada su hija; donde la dejaron, no se sabe si viva o muerta. Ha pateado todo lo que el abrupto terreno permite. Ese solar está a diez minutos de La Ballena. Ella sabe que el acceso al pozo el complicado y que ni una persona, ni dos, ni tres pueden acceder a el sin una maquinaria especial, por eso tiene previsto pedirle ayuda al presidente del gobierno canario Paulino Rivero “que hace un año tomó café en mi casa de Escaleritas”.

Quiere que le faciliten una excavadora que permita a la policía desmontar el terreno y acceder al pozo. También le pidió a los inspectores de Policía que llevan el caso que investiguen los nuevos datos; que escarben en la zona, que interroguen a dos personas cuyos datos los vincula al entorno de Sara los días de su desaparición y ella tiene localizados, pero no está la policía por trabajar mas que lo necesario; seguramente estarán cansados de que cada le estreguen por la cara un fracaso policial tan descomunal como es la desaparición de Sara y Jeremy. Se han dedicado, eso sí, a consolar a Nieves madre con un “por ahí ya hemos mirado…”. Nieves no está contenta con el resultado del trabajo policial y es para no estarlo porque ella sola no ha parado, y eso me consta, de investigar por su cuenta. Está agotada.

No ha cesado en su empeño de hallar una salida a este laberinto de tanto dolor. De unos meses para acá tiene la impresión de que a Sara la han buscado “por encima”, sin profundizar en barrancos, pozos y solares. Esa ha sido la eterna queja de la abuela de Sara. La han buscado como un efecto rebote: “Tratando de hallar pistas del violador de la moto o el del furgón blanco aprovecharon para ver si aparecía algo sobre Sara, nada más. Me duele mucho pronunciar estas palabras pero mi marido y yo, no podemos más. No se puede vivir como nosotros vivimos; sin saber si tu hija está viva, muerta, descuartizada, fuera de España…no se puede. Si la policía no la ha encontrado viva, ¡que la busque muerta, pero que la busque…!. Que levanten piedras y desmonten terrenos porque mi niña cumpliría pronto 18 años y si el caso prescribe porque ya no menor, a Sara se la tragó la tierra y ya está”.

“Busquen a Sara aunque sea muerta”

Cuatro veces Sara

Cuatro veces Sara

“Estoy cansada, así no podemos vivir; tenemos que pasar página. Que la policía la busque muerta si cómo dicen, muerta está”. Ese es el mensaje que Nieves Hernández, la madre de Sara Morales, dejó en mi contestador. Llevo dos o tres días hablando con ella porque en torno a la desaparición de su hija, en agosto de 2006, una llamada insistente y anónima, que ella dice creer a pies juntillas, ha activado el caso en su entorno más íntimo. Esa llamada -que tiene identificada- le ha aportado datos creíbles sobre las últimas horas de Sara que a Nieves le han partido en dos; sus argumentos y otros detalles son los mismos que en alguna ocasión dos hombres informaron a esta mujer y que la policía, no se sabe por qué, no investigó.

Un solar, un pozo, un coche abandonado y escondido desde los días que desapareció la niña, traslados de bolsas de basura, un cuerpo descuartizado, tres hombres y uno de ellos -no investigado por la policía y sí por Nieves- con una cercanía al colegio en la que estudiaba Sara porque tenía (o tiene) una sobrina en el mismo centro. “Siempre tuvo tecla con mi hija a la que doblaba la edad, uno 22 o 23 años y alguna vez se acercó a hablar con la niña”.

Nieves, lo crean o no, se ha trasladado al pozo en el que según el anónimo está enterrada su hija; donde la dejaron, no se sabe si viva o muerta. Ha pateado todo lo que el abrupto terreno permite. Ese solar está a diez minutos de La Ballena. Ella sabe que el acceso al pozo el complicado y que ni una persona, ni dos, ni tres pueden acceder a el sin una maquinaria especial, por eso tiene previsto pedirle ayuda al presidente del gobierno canario Paulino Rivero “que hace un año tomó café en mi casa de Escaleritas”.

Quiere que le faciliten una excavadora que permita a la policía desmontar el terreno y acceder al pozo. También le pidió a los inspectores de Policía que llevan el caso que investiguen los nuevos datos; que escarben en la zona, que interroguen a dos personas cuyos datos los vincula al entorno de Sara los días de su desaparición y ella tiene localizados, pero no está la policía por trabajar mas que lo necesario; seguramente estarán cansados de que cada le estreguen por la cara un fracaso policial tan descomunal como es la desaparición de Sara y Jeremy. Se han dedicado, eso sí, a consolar a Nieves madre con un “por ahí ya hemos mirado…”. Nieves no está contenta con el resultado del trabajo policial y es para no estarlo porque ella sola no ha parado, y eso me consta, de investigar por su cuenta. Está agotada.

Nieves no ha cesado en su empeño de hallar una salida a este laberinto de tanto dolor. De unos meses para acá tiene la impresión de que a Sara la han buscado “por encima”, sin profundizar en barrancos, pozos y solares. Esa ha sido la eterna queja de la abuela de Sara. La han buscado como un efecto rebote: “Tratando de hallar pistas del violador de la moto o el del furgón blanco aprovecharon para ver si aparecía algo sobre Sara, nada más. Me duele mucho pronunciar estas palabras pero mi marido y yo, no podemos más. No se puede vivir como nosotros vivimos; sin saber si tu hija está viva, muerta, descuartizada, fuera de España…no se puede. Si la policía no la ha encontrado viva, ¡que la busque muerta, pero que la busque…!. Que levanten piedras y desmonten terrenos porque mi niña cumpliría pronto 18 años y si el caso prescribe porque ya no menor, a Sara se la tragó la tierra y ya está”.

Nieves y los suyos siempre han querido que la sociedad no se olvide de su hija, aquí le hacemos hueco para que ese olvido no se produzca.

El Blog lo escribe Nieves y Marisol lo gestiona.
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